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viernes, 31 de agosto de 2012

UNA SONRISA

Quizá siempre creíste que el sentido del humor "se hace", pero neurólogos estadounidenses con han demostrado que "se nace" con una predisposición genética, aunque desarrollarlo dependerá del entorno en el que nos hayamos movido y los valores aprendidos.

La sonrisa del bebé es una sonrisa espontánea y refleja. Suele aparecer sobre la sexta semana. Ya con dos semanas algunos estímulos provocan una leve sonrisa, automática y a veces incompleta.  Podemos verla cuando duermen, cuando están tranquilos o después de comer. Con este gesto sabemos que el bebé está bien, pero no es una respuesta a otra persona. Paradójicamente, consigue intensificar la relación madre-hijo, desarrollando el lazo entre ellos y fortaleciendo el apego.

Poco a poco el niño especifica ante qué estímulos sonríe. En este momento sonríe ante personas que conoce y que le gustan, o ante cosas que le hacen disfrutar. Primero lo hace ante estímulos auditivos, como la voz de su madre, hacia la quita semana lo hace también ante rostros humanos, lo que se fortalece al tener respuesta de los adultos a los que sonríe. Normalmente es su cuidador quien recibe más sonrisas.

Las últimas en aparecer son las respuestas sociales diferenciadas. Aquí es cuando el niño responde diferente ante familiares y extraños. Podemos encontrar los típicos temores ante gente que no conoce y entusiasmo ante las personas más conocidas. Este tipo de respuestas ya se mantienen de por vida, aunque moduladas por la experiencia.

Pero la sonrisa no es sólo una herramienta de comunicación social, también tiene efectos sobre nuestro organismo.

Cuando se dice que la risa libera estrés es cierto. Este efecto lo consigue gracias a la reducción del cortisol en el organismo (hormona que produce estrés) y aumenta la respuesta inmunológica por la liberación de linfocitos, lo que ayuda a enfermar menos.

Tiene efecto analgésico por la liberación de endorfinas desde el hipotálamo y consigue que el cerebro esté alerta y activo por la activación de adrenalina. También mejora la musculatura, tanto facial como torácica y abdominal, liberando tensiones y mejorando el funcionamiento cardíaco. En la cara tenemos 15 músculos implicados en la risa que, al ejercitarse, mejoran la elasticidad de la piel. Pero si nos reímos con carcajada los músculos que se movilizan llegan hasta 400, incluso algunos del estómago que sólo pueden ejercitarse de esta manera.Se liberan lágrimas que lubrican nuestros ojos y hacen que la nariz y los oídos se despejen.

Si queremos tener otra razón para reír más a menudo, diremos que 20 segundos de carcajada equivalen a 3 minutos de ejercicio aeróbico. O que una hora de risas es como media hora de levantamiento de pesas. Entra el doble de aire en los pulmones, oxigenando más nuestro organismo y facilita la digestión.

Hasta el momento, los únicos animales que saben reír son los humanos. Pero esta capacidad que produce tantos efectos positivos en nuestro organismo, es irracional. Lo que nos hace reír son estímulos que entran por  cualquiera de nuestros sentidos, pero no hay algo concreto. Puede hacernos reír una broma que escuchemos, una torpeza que veamos, imágenes, piezas musicales, textos,... No sabemos porque unas personas se ríen más que otras, pero sí que las primeras suelen ver la vida de una manera más positiva. 

La risa puede ser una herramienta que podamos utilizar incluso en momentos malos. Ante problemas que se nos presenten podemos elegir si preocuparnos en exceso, entrando en un estado negativo, o usar el sentido del humor, dejando a un lado la actitud compasiva hacia nosotros mismos. Es una manera de ejercitar mecanismos cerebrales que activan los mecanismos de solución de problemas, en vez de entrar en un círculo vicioso que no deja espacio para nuevas salidas del problema.

Hay varias formas de comenzar a ser optimistas. Podemos comenzar sonriendo más, aunque al principio sea de una manera más forzada. Intentemos centrar nuestra atención en las cosas que nos hacen sentir bien, focalicemos nuestra atención en lo que nos produce bienestar y nos alegre. Es una forma de buscar nosotros  un canal mental que multiplique las opciones de que sonriamos. 

Desarrollar nuestro sentido del humor es también importante en las relaciones con los demás. Sonreír muestra cortesía, transmitimos confianza y que estamos a gusto con su compañía. Esto hace que los otros bajen sus defensas y se relajen a nuestro lado, fortaleciendo la confianza mutua. También es cierto, y todos lo hemos experimentado, que las personas que nos hacen sentir bien consiguen que queramos pasar más tiempo a su lado y que también estén a gusto con nosotros.


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