BIENVENIDO

Bienvenido a este pequeño rincón en el que intentaremos acercarnos a temas relacionados con la psicología más actual, además de compartir lecturas y reflexiones interesantes. ¡Espero que lo disfrutes!
Mostrando entradas con la etiqueta DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de septiembre de 2012

ADOLESCENCIA Y DÉFICIT DE ATENCIÓN

Un por ciento grande de los interesados en el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad son padres de afectados. Esto es por su preocupación en ofrecer los mejores cuidados y educación a sus hijos y en el afán por entenderlos. 

Una época complicada es la adolescencia. Ya lo es cuando éstos no sufren ningún trastorno, pero se incrementa la preocupación cuando se les considera vulnerables en algún aspecto. El impacto del TDHA en la familia es importante y, normlmente, no se está preparado para enfrentarse a él, pero se puede aprender. 

Es mucho más común encontrar afectados de déficit de atención únicamente que los que también tienen hiperactividad. Pasan más desapercibidos e incluso se ha llegado a pensar que en algunos casos desaparece esta característica.

La adolescencia es un periodo convulso en la forma en que a esta edad viven los cambios y las situaciones que se les presentan. Muchos se adaptan a las variaciones que se producen en el desarrollo y socialmente de manera óptima. Los cambios a los que nos referimos y que deben producirse en la adolescencia son (Conger, 1977): 

- la independencia de los padres, 
- formar su propia identidad, 
- conseguir tener relaciones personales positivas con personas de ambos sexos, 
- entender y aceptar su sexualidad, 
- elegir qué hacer con su vida a nivel profesional.

Los afectados por TDAH deben hacer frente a los problemas comunes al resto de la población de su edad, pero teniendo en cuenta ciertas características especiales. La manera de solucionar los problemas que les acontecen dependerá del grado de de TDAH, el apoyo familiar y su rol en este ambiente, y de la influencia de otros trastornos comórbidos relacionados con ansiedad, problemas de aprendizaje o de conducta.

Un pequeño por ciento de adolescentes afectados de TDHA llevarán a cabo conductas de riesgo o antisociales, abusando de drogas o alcohol y siendo conflictivos. Hay más posibilidades de que éstos no estén bajo un buen tratamiento del trastorno, ya que muchos estudios indican que el comienzo temprano de un tratamiento adecuado disminuye la posibilidad de que lleven a cabo estas conductas. La explicación a esto es que son personas más impulsivas, que no se paran a pensar las consecuencias de lo que hacen, con lo que es más posible que acepten probar algunas cosas nuevas sin sopesar la parte negativa. Lo mismo que con estas sustancias puede ocurrir en problemas de pareja o con amigos.

Aceptar que tienen un trastorno y necesitan condiciones especiales, por ejemplo en el ambiente escolar, es una de las primeras dificultades que se presentan. Ya en la adolescencia se busca la identidad personal pero, además, formar parte de un grupo y ser aceptado por ellos. Ver que necesitas clases de apoyo, otro ritmo de aprendizaje o incluso fármacos, puede que le haga sentir diferente al grupo al que quiere pertenecer. Conforme se hacen más mayores consiguen aceptar el TDHA e incluso ponen mucho de su parte para superar los obstáculos que encuentran y vivir con normalidad.

Los padres se enfrentan a su educación. Ven que sus hijos no responden a recompensas y castigos como el resto de niños, ni aprenden se sus errores al mismo ritmo. A eso se suma la impulsividad y la conducta desafiante que es característica de estos adolescentes. Hay que aceptar al adolescente tal y como es, con sus conductas y su manera de adaptarse a la vida. Les cuesta seguir órdenes, prestar atención, ser ordenados, pero a la vez son personas creativas, con energía, saben ganarse a la gente,... Es probable que, cuando se enfrenten a una crisis  un problema inesperado, actúen con excesiva ansiedad, desde su parte más irreflexiva, y esto es difícil de manejar.

Les podemos ayudar con técnicas que centren su atención, haciendo que se acostumbren a usar agendas, notas, recordatorios. Que sepan organizarse bien el tiempo, dediquen algo de tiempo a organizar las tareas y priorizarlas. De esta manera ante algunas acciones rutinarias no deben pensar qué hacer, si no que ya tienen aprendido lo correcto y las consecuencias.

Tener un control de lo que hacen, dónde están y como se desenvuelven es importante, pero hay que aceptar que se van haciendo mayores y necesitan su independencia. Aprender a desenvolverse solos y no depender de ser supervisados continuamente es importante para que maduren. Aunque esta evolución será diferente en cada uno de ellos, según el grado de TDHA que sufran y las herramientas que hayan aprendido.

Se recomienda seguir usando refuerzos positivos y negativos frente a las conductas inadecuadas. Cuando hablamos de refuerzos negativos no queremos decir castigos. Los refuerzos negativos podrían ser retirar privilegios o no dar premios cuando hacen algo inadecuado. Las consecuencias deben ser razonables y los refuerzos positivos utilizados habitualmente. Que la retroalimentación sea inmediata hace que sea más efectiva. Dado su déficit de atención es más fácil que sigan haciendo la tarea reforzada positivamente, o dejar de hacerla si es reforzada de manera negativa, si este refuerzo se produce mientras tiene la atención centrada que cuando ya ha pasado esa actividad. 

Esta retroalimentación ha de ser frecuente. Dado que por el trastorno que sufren hay muchos factores que pueden minar su autoestima, el que le digan con frecuencia lo positivo que poseen y lo que realizan con éxito  es muy beneficioso. También que le corrijan y le guíen hacia lo correcto, las veces que haga falta y son perder la paciencia, es algo que les hace bien.

La relación padres-hijo suele ser complicada. Hay que intentar compartir con ellos experiencias, juegos, ocio. De esta manera ampliamos la relación, sumando diversión a la parte más difícil de las obligaciones en casa y el colegio. Poco a poco hay que aprender a hacerles responsables en aspectos que le competen directamente, como la medicación o las estrategias que le ayudan a superar el THDA. Como todo adolescente se enfrenta a la dura tarea de darse cuenta de sus límites y sus puntos débiles, además de aceptar estos y seguir adelante adaptados a ellos. Debemos saber acompañarles en el proceso pero dejándoles tomar las riendas de su vida y la opción de equivocarse y responsabilizarse, estando siempre a su lado en los momentos de dificultad. Si ellos se implican en decisiones que les competen es probable que cumplan mejor con su parte, ya que saben que ellos han tenido peso importante en la especificación de las condiciones.

No olvidemos que los límites son importantes. Hay normas que han de cumplir y que no se negocian. Lo importante es que le dejemos claro en que consisten y que esperamos de él. Aún es pequeño para algunas cosas, por lo que estar pendiente de lo que le ocurre es importante, como con cualquier adolescente. Conforme vayan madurando y responsabilizándose se debe confiar en ellos y premiarles con más libertad. Una manera de conseguirlo es hablando con ellos y negociando las condiciones, consiguiendo que su implicación sea palpable y que tengan su parte de responsabilidad. Se pueden aclarar puntos como derechos y deberes, consecuencias, privilegios, hacer una especie de contrato con ellos.

Los padres de adolescentes que sufren TDHA tienen una sensibilidad especial con ellos. Saben que la intención inicial es buena, no quieren llegar tarde, ni olvidar las llaves, ni despistarse, ni suspender, ni ser desordenados. Es por ello que castigos y recriminaciones no ayudan a que mejoren. Despersonalizar el problema así como tratar los conflictos con tranquilidad, pasado un rato si es necesario, ayuda a que el adolescente asimile mejor la información que le queremos transmitir. Y los padres así consiguen no decir cosas de las que se arrepentirse,  ni culpabilizar o recriminar.

La expresión de sentimientos es otro punto débil. Suelen no mostrar las emociones negativas, principalmente porque no entienden lo que les pasa y no saben enfrentarse a ellos fácilmente. Es importante que los padres les estimulen para que se acostumbren a expresarlos, tratar los problemas que les inquietan y las contradicciones que encuentren. Si se consigue el equilibrio entre el apoyo y el respeto a la intimidad y decisiones de los hijos se puede conseguir una relación positiva. Cuanto más cómodos se encuentren hablando con los padres, más veces buscarán consejo en casa.

viernes, 24 de agosto de 2012

TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN EN ADULTOS

El Trastorno por Déficit de Atención (TDHA) se ha considerado durante mucho tiempo exclusivo de la edad infantil, pero ya se ha demostrado que puede estar presente entre un 3 y 4 % de la población mundial. Los síntomas comienzan antes de los 7 años, es por esto que se suele diagnosticar en la infancia o adolescencia y se hable casi siempre de los que sufren esta enfermedad en ese periodo. De los niños que han sido diagnosticados de TDHA en la infancia entre un 30 y un 60 % seguirá teniendo síntomas en la etapa adulta.

Dicen que el TDHA puede ser el trastorno psiquiátrico no diagnosticado más común en adultos. Como hemos comentado antes, se pensaba que era un trastorno sólo presente en niños, hasta final de la década de los 70 no empieza a pensarse en estudiarlo en adultos. En personas adultas también lo encontramos normalmente acompañado de otros problemas psiquiátricos que pueden derivar del TDHA o sumarse a la sintomatología, esto a veces hace que el diagnóstico sea más difícil o equivocado. También la vida es más complicada conforme pasan los años, lo que hace que los diferentes factores sesguen las opiniones de las personas que les rodean, que no dejan de ser informadores de las pautas conductuales del paciente, en niños estos factores son más simples, ya que sus ambientes se suelen limitar al ámbito familiar y escolar.

SÍNTOMAS

Los síntomas que existen en TDHA por definición son la falta de atención, impulsividad e hiperactividad. Pero en adultos no tienen porque manifestarse como en los niños.

En adultos nos encontramos a personas despistadas, les cuesta recordar lo que acaban de leer o escuchar, son desorganizados, impulsivos. Les cuesta mantener la atención en la misma cosa durante mucho tiempo y terminar las tareas que se proponen. Cambian de carrera o trabajo, y normalmente el rendimiento en estos ámbitos es bajo. Tampoco se suelen orgnizar bien en las tareas cotidianas, incuso a la hora de plantearse el futuro de facturas y otros pagos. Les cuesta solucionar problemas.

Suelen ser impuntuales, trasnochadores, toman sustancias excitantes como café, tabaco,... No piensan lo que dicen, toman decisiones impulsivamente y sin sopesar las consecuencias. Todo esto les lleva a tener problemas en las relaciones interpersonales, tanto personales como laborales. Que no tengan buen rendimiento o éxito no quiere decir que su potencial intelectual sea muy limitado, pueden ser extremadamente inteligentes aunque en el colegio escucharan mucho "que no ponían de su parte". Se ha visto que algunos terminan destacando en la etapa universitaria,siendo que sus capacidades cognitivas se hayan desarrollado más tarde. Hay quien dice, como el doctor Montañés (psiquiatra infantil) que "el TDA es en el fondo un retraso en la maduración de las capacidades cognitivas". No hay que olvidar que también hay afectados por TDHA cuyo coeficiente intelectual es muy bajo realmente.

Una diferencia con el TDHA en niños es que a nivel psicomotriz la hiperactividad que muestran no es tan incapacitante. Es decir, en la edad infantil vemos como les cuesta dejar de moverse, correr, saltar, lo que hace difícil su trato en la escuela u otros ámbitos. En adultos lo normal es que e limiten a mostrar inquietud, hablar sin parar, mover ciertas partes del cuerpo de manera nerviosa, como manos o pies.

Podemos encontrar comorbilidades con otros trastornos psiquiátricos. Las más comunes son con trastornos del humor, como distimia, depresión o trastorno bipolar. También con trastornos de ansiedad y abuso de sustancias como la nicotina, la cafeína o el alcohol.


Normalmente entre ellos encontramos muchas personas creativas y divertidas, sólo hay que realizar un buen diagnóstico para conseguir que mejoren los síntomas de su trastorno y puedan llevar una vida lo más plena posible.


TRATAMIENTO

Lo más importante en la intervención con TDHA es conseguir un diagnóstico temprano, cuanto antes sepamos la existencia del trastorno y antes se comience con el tratamiento, más eficaz será éste.

El tratamiento farmacológico con estimulantes se considera una parte fundamental del tratamiento, al igual que en los niños. Suelen mejorar los síntomas principales: hiperactividad, impulsividad y concentración.

Pero para que lo hagamos realmente bien y encontremos una evolución positiva, es importante que sea  combinado con terapia psicológica. En ella se desarrollan técnicas de autocontrol, relajación, habilidades sociales, técnicas de solución de problemas. Es una terapia dirigida a disminuir la sintomatología, ya que hasta el momento no es posible solucionar el problema de raíz.


sábado, 18 de agosto de 2012

TRASTORNO DE HIPERACTIVIDAD CON DÉFICIT DE ATENCIÓN

El trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un problema de falta de atención, exceso de actividad, impulsividad o una combinación de todos ellos. Es uno de los problemas psiquiátricos diagnosticados con más frecuencia en edad escolar. Estudios epidemiológicos recientes a nivel mundial dan una prevalencia de entre el 8 y el 12% en niños y adolescentes y 1,2 y 7,3 % en adultos. Y más frecuentemente entre el sexo masculino.

SÍNTOMAS

Quien lo sufre tiene dificultades para poder concentrarse, prestar atención, falta de paciencia. Puede que tienda a "soñar despierto" o ensimismarse, parece que no escucha a los que le rodean, se distrae con facilidad, se le ve como a una persona olvidadiza.

También es normal ver que la persona no para quieta, moviéndose todo el tiempo y siendo incapaz de estar jugando tranquilamente o con la necesidad de cambiar de actividad a menudo. Esto provoca que no preste atención a los detalles de las tareas que realiza y en ocasiones cometa errores en las tareas que realiza. Pierde con frecuencia los juguetes, libros.

Interrumpen a los demás, sin paciencia para esperar que terminen lo que estén haciendo, diciendo, o que llegue su turno. Son personas que actúan y hablan sin pensar las cosas antes. Todo esto puede provocar problemas en el ámbito escolar o laboral, así como en las relaciones con los demás.

CAUSAS

Las causas no se saben precisar todavía en la actualidad. Hay una serie de factores que parecen claramente relacionados, pero falta precisar que papel juega cada uno y el peso que tienen en el mismo.

Parece que es un trastorno con un componente genético, ya que en diferentes estudios se han encontrado relaciones hereditarias. El plomo también se ha relacionado, y lo encontramos en pinturas viejas, repuestos... Malos hábitos en las mujeres embarazadas, como beber o fumar, puede provocar en el bebé problemas de atención. Partos prematuros, bajo peso al nacer.
Daños cerebrales. Hay estudios que señalan la falta de algunos neurotransmisores, en especial la dopamina y la norepinefrina. Las áreas cerebrales implicadas son la corteza prefrontal, los núcleos basales y el cerebelo. Y también se ha visto que determinados aditivos alimentarios, como colorantes artificiales, pueden empeorar los síntomas.

Cualquiera que sea la causa, parece que se inicia cuando el cerebro comienza a desarrollarse.

DIAGNÓSTICO

Normalmente se tarda un tiempo en determinar que una persona tiene TDAH. En la actualidad se ven muchos diagnósticos de este trastorno que, si se estudiaran los casos en profundidad, son realmente problemas de ansiedad, depresión u otros problemas de aprendizaje, que tienen síntomas similares.

Un buen diagnóstico se realiza en diferentes etapas, comenzando por una evaluación médica, con pruebas de audición y visión con los que descartar problemas sensoriales que pueden cursar con similares síntomas. Pruebas psicológicas, incluyendo del coeficiente intelectual. Se continúa con una historia completa de la evolución del problema, y también en estudio de los antecedentes familiares, entorno psicosocial, nutrición.

La guía utilizada para diagnosticar TDAH es la publicada por la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP). Los criterios de diagnóstico son:

- Los niños deben tener al menos 6 síntomas de atención o 6 síntomas de hiperactividad e impulsividad, con algunos síntomas presentes antes de la edad de 7 años.
- Los síntomas deben estar presentes durante al menos 6 meses, se observados en dos o más escenarios y no ser causados por otro problema.
- Los síntomas deben ser tan graves que causen dificultades significativas en muchos escenarios, incluyendo el hogar, la escuela y las relaciones con los compañeros.

Por no hacer ardua esta entrada, los criterios específicos del DSM-IV los apuntaré en otra entrada para quien esté interesado.

TRATAMIENTO

Dado que es un trasorno muy complejo y que casi todas las áreas de la persona están afectadas, el tratameinto que se recomienda seguir es multidisciplinar. Están implicados los médicos, los profesores, trabajadores sociales, nuerólogos, pediatras, psicólogos y psiquiatras.

Se trabaja para reducir los síntomas más importantes en cada caso particular. Hasta el momento no hay un tratamiento dirigido a la curación, pero se puede disminuir la intensidad de los síntomas o incluso conseguir que la persona los maneje con destreza.

Hasta el momento los tratmeintos más efectivos son los basados en la farmacología, junto con psicoeducación, modificación conductual y terapias cognitivo conductuales. Es muy importante la educación a los familiares y profesores en todo lo referente al trastorno y las pautas a seguir ante diversas situaciones.

Se está observando que los niños y adolescentes que reciben un tratamiento oportuno, tiene menos probabilidades de tener conductas adictivas, algo que suele sercomún en los afectados por TDAH que no lo han recibido. Lo mismo ocurre con la comorbilidad con trastornos depresivos o problemas psicosociales.