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martes, 14 de agosto de 2012

ANSIEDAD

La ansiedad es un estado que experimentan todas las personas. Es una respuesta a un estímulo que consideramos amenazante para la vida o nuestra integridad. Experimentamos nerviosismo, sudoración, taquicardia, aumento de la tasa respiratoria... Esto es lo que podemos denominar estrés. Este es una activación que nos permite prepararnos para enfrentarnos a la situación amenazante. Puede haber una reacción de huida, dejando atrás el peligro y alejándonos de la fuente conflictiva, o de ataque defensivo, intentando que desaparezca el origen del miedo.

Hasta aquí todas las reacciones son normales y adaptativas. Nuestro organismo está programado para hacer frente a amenazas que nos podemos encontrar en el medio.  Este bagaje viene de nuestros antepasados, cuando tenían que aprender a defenderse de otros depredadores o de peligros que encontraban en la naturaleza. Todos los signos físicos tienen la función de preparar al organismo para huir de la escena que puede causarnos daño, inyectando energía a los músculos y permitiendo que nuestros sentidos presten atención sólo a lo realmente importante para la supervivencia.

El problema surge cuando esta sensación de alarma se queda gravada en el cerebro y es capaz de activarse ante situaciones no peligrosas, haciendo que estemos en continua alerta innecesariamente y con nuestro cuerpo en tensión.

Hoy en día nuestras amenazas no son depredadores, pero esta señal de alarma nos sirve para reaccionar ante otros estímulos que pueden ponernos en peligro como un atropello, un ataque de otra persona, riesgo de quemarse con un fuego, riesgo de caídas,... Esta señal llega al cerebro y activa los mecanismos que nos ponen alerta y preparados para actuar. Es entonces cuando se manifiestan ciertos síntomas. Cuando éstos se mantienen mas tiempo del necesario deja de ser un mecanismo adaptativo para comenzar a ser un problema. Nuestro cuerpo se ve sometido a una activación mantenida y pueden aparecer problemas derivados como:

-síntomas gastrointestinales
-insomnio
-taquicardias
-escalofrío
-sensación de ahogo o sofocos
-hormigueos en manos y pies
-sudoración
-mareos o desmayos
-tensión muscular

Pero a nivel cognitivo y psicológico también encontramos consecuencias. Hay una preocupación excesiva que puede convertirse en obsesiva, preocupación, irritabilidad, enlentecimiento cognitivo, agobios, inseguridad, temor a perder el control, incertidumbre, incapacidad para tomar decisiones. Hay dificultad en las tareas de memoria, atención y concentración, empieza a desconfiar de lo que ocurre en algunos aspectos que le rodean y se centra en los pensamientos negativos. Sus pensamientos suelen estar distorsionados y se vuelven repetitivos. Se vuelven dubitativos y desconfiados, incluso sus acciones se dirigen a la prevención de la amenaza, repitiéndose incluso de manera abusiva.

Esto deriva en una serie de síntomas conductuales. La persona esa en alerta más tiempo del necesario, sufre de hipervigilancia, se bloque, tiene dificultades para actuar de manera eficiente, puede comenzar a tener olvidos o torpezas, actúa de manera rígida, cambia su lenguaje corporal, tensiona su cuerpo continuamente (por ejemplo la mandíbula), se muestra indeciso.

Esto es lo que actualmente se conoce como trastorno de ansiedad. Es verdad que todos los días nos enfrentamos a situaciones que pueden ser estresantes, pero la mayoría no las recordamos porque a nivel consciente nos llegan las nuevas o las que requieren ayuda de los mecanismos cognitivos. Quizá se nos olvide que esta mañana casi nos atropellan y que un perro nos ladró demasiado cerca, ya se encargan nuestros mecanismos ancestrales de protegernos.

El problema puede surgir cuando la interpretación de esta situación estresante es desproporcionada y nos provoca una ansiedad que no es adaptativa. Para que consideremos el trastorno de ansiedad los síntomas anteriores han de darse un tiempo no menor a 6 meses. También es necesario un cierto tiempo para que la persona que lo sufre se dé cuenta de ello. Suelen ser personas que intentan llevar el mismo ritmo de vida que llevaban o el ritmo de vida que consideran que deben llevar para conseguir los fines que se han propuesto, por esto muchas veces cuando se dan cuenta ya llevan sufriendo bastante tiempo.

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