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Bienvenido a este pequeño rincón en el que intentaremos acercarnos a temas relacionados con la psicología más actual, además de compartir lecturas y reflexiones interesantes. ¡Espero que lo disfrutes!
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martes, 1 de abril de 2014

HIPNOSIS, EFICAZ Y SEGURA

Cuando un psicólogo anuncia que realiza técnicas de hipnosis en consulta, mucha gente siente cierta sensación de rechazo. Es debido, sobretodo, al desconocimiento que existe sobre ella y la cantidad de mitos que rodean su práctica. Por eso en este post lo que voy a intentar es que quede clara la finalidad que se busca con la hipnosis, su papel dentro de la terapia psicológica, transmitir que es una técnica segura y desmontar algunas ideas erróneas que un porcentaje alto de gente tiene sobre ella.

Los que ya sobrepasamos una edad, todavía retenemos en la mente imágenes de programas televisivos en los que parte del espectáculo era ver a personas del público entrando en un trance especial y gracias al cual el hipnotizador podía conseguir que perdieran la voluntad e incluso hicieran el ridículo. Esta es la idea que tienen muchos pacientes en referencia a la hipnosis.

Para empezar, diremos que la hipnosis es una parte más de la terapia psicológica. Cuando un profesional anuncia entre sus servicios su práctica, no está ofertando que en el 100% del tiempo terapéutico se esté en ese trance. La hipnosis es una técnica más dentro de la gran variedad que existen. Sí que es cierto, que es una técnica muy eficaz y que los resultados los encontramos en poco tiempo, con lo que el avance en la terapia es más rápido.

Lo que conseguimos gracias a la hipnosis es acceder a la parte mas emocional de la persona. Es una focalización de la atención gracias a la que distraemos la parte más racional y así trabajamos con las emociones, con lo que esté en una zona más inconsciente. Guiamos al paciente para que consiga llegar a un estado muy profundo de conciencia, allí podemos trabajar ciertos problemas emocionales y avanzar en el tratamiento de su problema más rápido.

Contestando a algunas de las preguntas que la mayoría de los pacientes realizan al plantear una sesión de hipnosis:

- la hipnosis no engancha
- no se pierde el control
- no se le puede obligar a nadie a realizar algo que no desee
- no se olvida todo lo que ha ocurrido durante la sesión
- las personas más hipnotizables no son las más limitadas en capacidades mentales.

Seguro que se os ocurren más mitos, la mayoría no tienen fundamento. Estas ideas nos han sido transmitidas por los programas televisivos que antes comentábamos, o por películas, que alimentan esa parte más morbosa de nosotros que quiere pensar que eso puede ser posible.

Realmente la persona no pierde la consciencia, esta en un estado de consciencia diferente. Pero es ella
misma la que permite al profesional que le guíe hacia partes más profundas y la que deja que esas emociones salgan a la luz.

La persona que es hipnotizada es consciente en todo momento de lo que está pasando, tiene que estar de acuerdo y tiene que querer conseguir ciertos objetivos terapéuticos para conseguir ser hipnotizada. Si no, es probable que la sesión sea un fracaso y la persona se decepcione. Es por ello que la confianza en su terapeuta y la complicidad entre ambos tiene que ser máxima. 

Otro punto a dejar claro, es que no todo el mundo es igual de sugestionable, por lo que puede ser que para ciertas personas no sea la técnica más adecuada. Y no todas las patologías pueden o deben ser tratadas con hipnosis.

Pero, ¿qué podemos trabajar en hipnosis?

Con la hipnosis podemos trabajar muchos de los problemas que acuden a consulta:
- dolor crónico,
- ansiedad,
- problemas afectivos,
- fobias,
- miedos,
- mejora el sistema inmune,
- en el ámbito hospitalario se puede utilizar como apoyo a ciertas intervenciones,
- ...

El profesional hará una valoración del problema que se ha llevado a consulta, de la historia personal del paciente y de su sugestionabilidad, y decidirá si es la técnica adecuada para parte del tratamiento.

Un último punto a destacar es que debemos estar seguros de que el profesional que va a realizar la técnica tiene la formación necesaria. Debe ser un psicólogo, psiquiatra o médico formado. Debemos tener en cuenta que estamos trabajando con la parte emocional del paciente, con una parte muy sensible y que domina gran parte de nuestras experiencias, por lo que debemos estar junto con un profesional que sepa manejar todas las situaciones que nos encontremos.

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domingo, 9 de junio de 2013

Vitamina D y dolor crónico

A muchas personas diagnosticadas de fibromialgia se les prescribe tomar suplementos de vitamina D. Y es que hay estudios que nos muestran una correlación entre síntomas depresivos y fatiga con niveles bajos de esta vitamina.

La vitamina D la conocemos porque su deficiencia puede favorecer el desarrollo del raquitismo en niños. Desde que se supo, la leche y los preparados de alimentación infantiles van enriquecidos con vitamina D.  

La vitamina D es liposoluble y se encuentra almacenada en la grasa. Su principal función es ayudar al organismo ha absorber el calcio, que junto con el fósforo, es esencial para la formación ósea. La vitamina D también ayuda a que los niveles de estos dos minerales se conserven en sangre a niveles adecuados. Regula las células y el sistema inmunológico.

Se le llama la vitamina del sol, ya que se sintetiza cuando nos exponemos a el. Unos diez minutos tres cuatro veces por semana serían suficientes para sintetizar la cantidad necesaria para el mantenimiento de la densidad ósea. También podemos incluirla en la dieta. Se encentra en los producto lácteos, en pescados grasos, ostras, cereales, margarina, leche de soja enriquecida.

Su falta puede favorecer en niños el raquitismo, antes mencionado, y en adultos enfermedades óseas: adelgazamiento de los huesos (ostopenia), osteoporosis (huesos porosos, débiles) y osteomalacia (huesos más blandos, que lleva a debilidad y dolor muscular). Si esta falta se prolonga más tiempo se ha asociado a un mayor riesgo de sufrir enfermedades crónicas de corazón, diabetes, enfermedades renales, inmunológicas o incluso cáncer.

Desde hace unos años hay expertos que reconocen encontrar una relación entre la baja producción de vitamina D y dolor crónico. Incluso algunos creen que considerando los niveles de vitamina D se podría hacer una diagnóstico diferencial de pacientes con dolor músculo-esquelético, fatiga crónica y fibromialgia.

He encontrado varios estudios en los que se constata que un porcentaje significativo de personas que padecen estas enfermedades tienen niveles bajos o déficit de vitamina D. También es cierto que la existencia de niveles bajos no tiene porque desarrollar complicaciones de este tipo. Lo importante es que poco a poco se van recogiendo datos que nos servirán para ir cercando el problema y encontrar una solución.

Un trabajo del doctor Luigi Ferrucci del Instituto Nacional de Envejecimiento en Baltimore recoge relación entre los niveles de vitamina D y depresión en adultos mayores. Estudió la evolución de los factores asociados a la pérdida de movilidad durante 6 años. Las mujeres con insuficiencia sufrieron un mayor deterioro anímico a los 3 y 6 años de estudio. Un test estandarizado mostró aumento de los síntomas depresivos en comparación con las mujeres que mantenían los niveles adecuados. En hombres la asociación no fue lo suficientemente sólida.

El estudio no prueba que los bajos niveles de vitamina D causen depresión, pero los autores señalaron que las personas con una baja proporción del nutriente tenían otras características predisponentes a desarrollar este trastorno. http://senalesdelostiempos.blogspot.com.es/2010/05/asocian-bajo-nivel-de-vitamina-d-con.html

En otro estudio realizado por los doctores Armstrong DJ, Meenagh GK, Bickle I, Lee AS, Curran ES, Finch MB del Departamanto de Reumatología Musgrave PArk Hospital de Inglaterra, investigaron a 65 pacientes con fibromialgia. Midieron los niveles en sangre de vitamina D y comprobaron su impacto sobre la ansiedad y la depresión. El 13,3% de los pacientes tenían niveles deficientes, el 56% niveles escasos y el 30,7% niveles normales. También apoya la implicación en los trastornos.

Existen artículos en los que los resultados no se han replicado. Debemos tener en cuenta que ni todas las personas que desarrollan este tipo de trastornos tienen déficit de vitamina D, ni este déficit siempre provoca problemas asociados de este tipo. También hay diferencias significativas dependiendo de la parte del mundo que estemos estudiando,ya que la exposición al sol y la alimentación son diferentes. Incluso parece que la genética también dice mucho, al igual que el color de la piel (las pieles oscuras sintetizan más difícilmente la vitamina D). Y sintetizarla es una cosa, pero es necesario que la absorción por el organismo sea correcta.

Ahora sabemos que trastornos como la fibromialgia, neuropatías, migrañas, dolores osteo-musculares, pueden estar asociados a bajos niveles de vitamina D. Quizá no sea concluyente en el 100% de los casos, pero merece la pena tenerlo en cuenta ya que, aunque no solucionemos el problema, podemos hacer que los síntomas mejoren significativamente. A muchas mujeres con fibromialgia se les ha prescrito un suplemento y han constatado una disminución de las molestias.

lunes, 3 de junio de 2013

¿BABY BLUE O DEPRESIÓN POSTPARTO?

"Por fin ha llegado el gran día, ha nacido el bebé deseado durante tanto tiempo. Todos a su alrededor muestran felicidad. Pero hay una persona que no puede disfrutar de ese momento como el resto... su madre". En ocasiones encontramos historias que tienen de trasfondo este esquema. La mamá se encuentra triste, irritable, de bajón, sin ganas de hacer nada, incluso ansiosa y con problemas para dormir.

Ésto preocupa, aumenta el desconcierto y la ansiedad ya que no coincide con los sentimientos que esperamos que un bebé recién nacido despierte en una mujer que acaba de dar a luz. Es por eso que vamos a intentar encuadrar esta experiencia.

Lo primero decir que es un fenómeno más frecuente de lo que se piensa. Entre el 60 y el 80 % de las mamás sufren la llamada "baby blue"después del parto. Puede durar desde unas horas, a unos días y hasta incluso dos semanas. Es una tristeza o una depresión leve, suele remitir espontáneamente es ese tiempo. Suele demostrarse por llantos sin explicación, disminución de la motivación para realizar cualquier actividad, falta de energía.

Es un proceso adaptativo. Nuestra fisiología debe ayudarnos en momentos en los que nuestro cuerpo se enfrenta a procesos en los que nuestro equilibrio se ve amenazado. Debemos reponernos del estrés que supone un parto, descansar. Así como enfrentarnos al cambio hormonal que nos invade en esos momentos. La progesterona y los estrógenos descienden de manera acusada después de dar a luz, algo que se puede manifestar alterando el estado de ánimo. La serotonina también se altera. Aquí entra en juego otra hormona que juega varios papeles: la oxitocina. Ésta ejerce una función euforizante y se segrega al dar el pecho o al tener contacto con el bebé, lo que nos demuestra que el contacto con el bebé es muy importante.

Y, por si esto fuera poco, este estado de ánimo facilita que afloren miedos que teníamos más o menos controlados hacia lo desconocido, hacia responsabilidades reales nuevas y que nos pueden desbordar.

El baby blue hay que diferenciarlo de la depresión post parto, dos problemas que muchas veces pueden confundirse. Si los síntomas persisten más de dos semanas debemos acudir a un profesional para descartar que realmente se trate de una depresión postparto y pueda atenderse adecuadamente.

La depresión post parto cursa con síntomas similares a otras depresiones, dándose tras el nacimiento del bebé. Afecta a una de cada 10 madres. Lo desconcertante es que muy poquitas veces hay alguna razón para que esta tristeza se desarrolle.

Encontramos tristeza que se traduce en ganas de llorar, infelicidad, culpabilidad por no estar contenta en un momento tan importante. No tiene porque ser continua, se suele alternar buenos y malos momentos, pero no disfruta como debería. También se irrita con facilidad y se siente incomprendida por las personas que más le quieren, incluso no se atreve a admitir lo que está sintiendo.

Falta de apetito, insomnio, cansancio extremo. Las situaciones que se encuentra le desbordan con facilidad, les cuesta organizarse con el bebé y vive situaciones de verdadera ansiedad. Ésta puede reducirse en una preocupación extrema por el estado y los cuidados del bebé. En algunos momentos incluso sienten rechazo por él, por las situaciones que viven con ellos y que su bloqueo no les permite manejar con facilidad.

La relación con el marido se ve trastornada. No pueden compartir lo que les ocurre y le suele costar mucho tiempo comenzar a tener encuentros sexuales.

No podemos adelantarnos y saber que mujer sufrirá depresión post parto y quién no. Pero sí que hay factores que sabemos que predisponen, aunque hay que tener en cuenta que no siempre se dan, entre ellos tenemos: haber sufrido una depresión en algún momento de la vida, un bebé prematuro o con algún problema, trastorno premenstrual severo, no sentirse apoyadas por la pareja o un acumulo de problemas vitales. Por supuesto, están las alteraciones hormonales que hemos nombrado antes, pero muchos estudios se han realizado y no se han llegado a conclusiones, ya que parece que las comparativas entre los niveles hormonales de las mujeres que la sufren y las mujeres que no dan explicación a la aparición de la depresión post parto.

Hasta aquí el planteamiento del problema, pero ¿qué podemos hacer si finalmente se confirma que alguien padece depresión post parto?

Es imposible decir con certeza que mujer sufrirá este trastorno, por lo que pocas "vacunas" podemos utilizar. Sí que podemos es informarnos bien de los problemas que nos encontraremos tras la llegada del bebé, intentar adelantarnos a situaciones, entrenándonos en ellas.

Una vez que el problema aparece lo más importante es que la mamá lo acepte y hable de ello con su familia y con profesionales de la salud, a pesar de la vergüenza y la culpa que suele aparecer por tener esas emociones que consideran "no naturales". La mayoría de los sanitarios conocen este problema y sabrán orientarla para encontrar la mejor ayuda. El tratamiento tiene un éxito notable. Si la pareja y la familia se involucran la evolución es más positiva, también para ellos que habrán vivido momentos que les costará entender y que no sabrán muy bien como ayudar a la mamá.

Y terminemos con algunos pequeños consejos que pueden ayudar a llevar mejor algunos "blue moments". Intente no cargarse con todas las responsabilidades que conlleva el bebé, apóyese en su pareja o en alguien de confianza para poder tener momentos de descanso y de intimidad. Es importante intentar alimentarse adecuadamente y dormir bien, hay que encontrarse bien para poder atender al bebé y ver las cosas con tranquilidad. No descuidemos la relación con el papá, comuniquémonos con él para que entienda lo que ocurre y sepa que les hacemos participes de ello. También es importante ir poco a poco buscando momentos de intimidad con él, pequeñas caricias y abrazos harán que nos encontremos cada vez más cómodos para reencontrar los encuentros sexuales que toda pareja necesita. Y por último, no seamos hipercríticos con nosotros mismos, el tener un niño nos enfrenta a situaciones desconocidas pero son abarcables, pidamos siempre que lo necesitemos ayuda, no lo sabemos todo y no tenemos porque poder con todo.


lunes, 27 de agosto de 2012

DEPRESIVO, PERO NO TRISTE

Hay pacientes que llegan a consulta y nos exponen una serie de síntomas físicos para los que los médicos no han encontrado causa justificada. Según ellos su estado de ánimo no es negativo, sonríen sin dificultad y dicen que todo va bien.

Hablan de los síntomas físicos, describiendo su falta de apetito, problemas de sueño, disminución de la libido, taquicardias, cansancio. Han visitado varios médicos y parece no haber causa justificada para sus molestias.

Sólo hay que hacer las preguntas clave para que el propio paciente deje al descubierto lo que se encuentra al otro lado del ovillo: una depresión. Ésta no se expresa con los síntomas que todos asociamos, como tristeza, desesperanza, desgana. En cambio encontramos a una persona que no siente tristeza, es más, parece que puede tener incapacidad para sentirla. 

Tenemos delante una persona que dice no sentirse triste, pero seguramente nosotros sí podamos identificar a través de la entrevista, la expresión corporal y facial, la prosodia que utiliza, los eventos que nos cuente, que la tristeza forma parte de su vida. Si se les realizan preguntas directas sobre el sentido que ven a su vida es probable que nos sean sinceros y nos confiesen que lo ven claro, que no creen que sean imprescindibles en algunos de los ámbitos vitales en los que se envuelven (quizá crean que su familia podría estar mejor sin él, o que no pasaría nada en este caso).

A este trastorno se le llama depresión no disfórica. Es un problema que se encuentra sobre todo en adultos mayores, sobretodo a partir de los 50. Al rededor de un 5% de los mayores de esa edad puede padecerla. Afecta por igual a hombres y a mujeres, y se ha encontrado algún caso en personas jóvenes.

El Dr. Sergio Paradiso es un sicialiano que trabaja desde hace años en la Universidad de Iowa (EEUU) como profesor asociado de psiquiatría y Neurociencias y ha estudiado este trastorno. Dice que "no existe en ellos conciencia de las emociones o de lo que significan, pero demuestran, entre otros, sentimientos de culpa o pensamientos de falta de esperanza en el futuro".

Esta disminución de la capacidad de entendimiento y expresión de los propios sentimientos, parece que está ligada parcialmente con la capacidad cognitiva, especialmente con la capacidad analítica, e influyen condicionantes culturales y estilos de crianza. Parece que el desempeño escolar es un buen predictor, al igual que lo es de la inteligencia general, incluso de la emocional. Personas afectadas han podido tener poco éxito en el área académica.

Parece que son necesarios genes que predisponen a la depresión o sucesos traumáticos para sufrir la depresión no distímica. Esto nos deja un punto en común con los trastornos depresivos y afectivos, pero con una expresión diferente. "Esta conciencia anímica inferior puede estar influida por estilos de crianza: en algunas familias se recompensa el ser estoico, no hablar nunca de la propia emoción y no se desarrolla una capacidad verbal de transmisión de sentimientos. Este aspecto no se puede excluir", propone Paradiso.

Tener alguna lesión en el hemisferio cerebral derecho es un factor de riesgo que apuntan en la investigación. Puede ocurrir también cuando está afectada la corteza cingulada anterior, importante para la conciencia emocional. Señalan que estos fenómenos se pueden encontrar también en cerebros de personas con Parkinson o demencia frontotemporal.

Hay que señalar que este trastorno no tiene nada que ver con la distimia, de la que hablamos en la entrad anterior. La distimia es una forma de depresión, con síntomas depresivos más leves y de larga duración. Pero la persona es consciente de la tristeza que está sintiendo.

Paradiso concluye que: "el depresivo sin tristeza no siente pena ni siente ansiedad. Ha transferido todo su malestar al cuerpo y no puede expresar ninguna emoción vinculada  a lo anímico. Si un médico recibe a un paciente que se queja de síntomas físicos pero cuyo organismo funciona bien, es un caso para estudiar un poco más. En clínica geriátrica especialmente es necesario profundizar para descartar o no la presencia de un cuadro que, de no tratarse, puede extenderse en el tiempo por falta de tratamiento o aumentar el riesgo suicida, presente en todo cuadro depresivo".

No proponen un tratamiento específico. Lo importante es buscar ayuda cuando el cuadro presente pueda cuadrar con lo expuesto. La depresión se puede tratar desde muchos modelos, pero lo esencial es conseguir conectar con lo que uno es y tener un diálogo sincero con nuestras emociones.

sábado, 25 de agosto de 2012

DEPRESIÓN Y ESTRÉS EMPEORAN LAS CONEXIONES NEURONALES

Desde que se estudia el funcionamiento del cerebro, diversos estudios científicos han puesto de manifiesto las modificaciones que sufre el cerebro al verse sometido a situaciones especiales. Se sabe que niveles altos de cortisol, hormona segregada cuando sufrimos estrés, reducen el tamaño del hipocampo. Ésto hace que tengamos déficits en memoria y aprendizaje. 


Ahora, un nuevo estudio de los científicos de la Universidad Yale, ha dejado al descubierto resultados que dicen que en las personas que sufren depresión o estrés el tamaño del cerebro se encuentra reducido. Analizaron muestras de tejido cerebral donadas por personas que habían sufrido depresión y personas que no. Se ha encontrado pérdidas en las conexiones neuronales, generando una alteración en los procesos cognitivos y emocionales. Incluso pérdida de la masa cerebral de la corteza prefrontal. 

Parece que el responsable de estos fenómenos es el factor de transcripción GATA1. Es una proteína cuya principal funciones reprimir la expresión de cinco genes necesarios para que se produzcan las conexiones sinápticas neuronales.Las personas que habían estado en depresión tenían menos expresión de estos genes.

Si se pierden conexiones cerebrales se puede reducir la masa cerebral, tanto en la corteza prefrontal como en el hipocampo, afectado a los procesos de memoria, aprendizaje, procesamiento y análisis de información.

"Hemos demostrado que los circuitos normalmente involucrados en la emoción, así como la cognición, se interrumpen cuando este factor de transcripción se activa", comentaba Ronald Duman, autor principal del estudio. Esperan que las funciones de GATA1, pueda ayudar a identificar quién tendría alto riesgo de depresión y estrés. Si mejorasen las conexiones sinápticas, quizá se pudieran desarrollar terapias más efectivas.

Aún no se sabe qué hace que se manifieste el factor GATA1 en la depresión ni si es hederitario, pero el saber que está implicado es un paso importante.

DISTIMIA, ¿QUÉ ES?

La distimia es una forma de depresión que afecta a gran parte de la población. Es un trastorno afectivo de carácter crónico depresivo leve. Es menos severo que la depresión, pero su duración es mayor. Es como si la persona se encontrara triste continuamente. Es algo desconocida, pero afecta a entre un 3 y un 5 % de la población, mayoritariamente a mujeres en comparación con hombres. Puede aparecer sola o asociada a otros trastornos psiquiátricos.

SÍNTOMAS

Distimia significa "humor perturbado", algo que nos da pistas sobre los síntomas que nos encontramos en este trastorno.

Aparecen cambios breves del estado de ánimo, no encuentran ilusión especial por nada, están desmotivados, les cuesta considerar su vida feliz. No les es fácil concentrarse, disminuye el rendimiento intelectual, baja su energía casi como si se estuvieran apagando. Podemos encontrarlos aislados y con poca vida social. Se irritan con facilidad, inclinándose a ser personas negativas y pesimistas. Presentan baja autoestima, poca autoconfianza. Miran mucho hacia el pasado, a menudo con sentimientos de culpa.

A nivel físico, se alteran los ritmos biológicos tanto de sueño (se despierta varias veces y su sueño no es reparador) como en los patrones alimenticios (inapetencia o ingesta compulsiva). Incluso pueden sufrir alteraciones somáticas. Sienten fatiga o cansancio de manera crónica.

Las personas con distimia suelen pensar que la tristeza es parte de su vida e incluso de ellos mismos.

DIAGNÓSTICO

Cuando diagnostiquemos a una persona de distímico veremos que su síntoma principal es el estado de ánimo triste de manera habitual (casi todos los días, se manifiesta de manera casi continua) y durante al menos dos años, sin que existan más de dos meses seguidos en los que no encontremos los síntomas que hemos expuesto. Este estado es de melancolía, se muestran apesadumbrados, pero no cumplen con todos los patrones diagnósticos de la depresión.

Además, en los dos primeros años en que el trastorno está presente no debe haber sufrido ningún episodio de depresión mayor. Estaríamos aquí hablando de algo distinto a la distimia, seguramente de un episodio depresivo mayor pero con momentos de mejoría en la intensidad de los síntomas.

TRATAMIENTO

El tratamiento más efectivo es el que combina fármacos con una terapia psicológica.

Los antidepresivos inhibidores de la recaptación de la serotonina suelen ser de elección. Mejoran mucho los síntomas, aunque tienen efectos secundarios como problemas digestivos y de la función sexual, que a algunos pacientes les afectan en su vida normal. Para los que no mejoran existen antidepresivos menos nuevos como los tricíclicos o los inhibidores de la monoaminooxidasa. Se combinan con estabilizadores del ánimo y ansiolíticos.

La mejoría con tratamiento combinado tiene una buena perspectiva. La intensidad y duración de los síntomas disminuyen de manera significativa, incluso a veces remiten. De todas formas, suele ser un tratamiento largo.

lunes, 13 de agosto de 2012

DEPRESIÓN Y FIBROMIALGIA

Es muy común escuchar y leer que la fibromialgia está directamente relacionada con la depresión. ¿De qué forma lo encontramos traducido en la clínica?

En numerosos estudios publicados podemos encontrar relacionada la fibromialgia con trastornos de ansiedad en sus diferentes manifestaciones, trastornos afectivos como la depresión y trastornos del sueño. Parece ser que los síntomas de ansiedad y depresión no son secundarios al dolor, sino que serían procesos independientes. Lo que consiguen es agravar y cronificar el curso de las enfermedades con dolor crónico. Suman a la situación que ya tiene el paciente malestar, inquietud, ánimo negativo, disminución de la capacidad de enfrentamiento y poca confianza en las propias capacidades de superar la situación en la que se encuentra.

Si miramos historias médicas de pacientes diagnosticados de fibromialgia podemos encontrar  comorbilidad con la depresión en al menos el 25% de los casos. Es una cifra alta si comparamos la comorbilidad de la depresión con otras enfermedades que cursan con dolor crónico, como la artritis reumatoide, donde no es tan alta.

Se han barajado muchas explicaciones de esta asociación. Esta claro que afectan el mecanismo del estrés crónico, el dolor crónico, el retraso del diagnóstico, la poca eficacia de los tratamientos, la frustración de no conseguir una mejoría total y recuperar su ritmo de vida anterior. A ello se suman los problemas laborales y las reacciones de su entorno social y familiar, que agravan los sentimientos de culpabilidad, desesperación y soledad.

Algunos signos y síntomas clínicos que podemos observar en fibromailgia relacionados con patologías mentales son:

- dentro del área afectiva: tristeza patológica, disforia, angutia, apatía, incapacidad de disfrutar. Para ellos es complicado transmitir lo que les ocurre, tanto a familiares como a profesionales de la salud, y porque son incpaces de enfrentarse de manera eficaz.

- dentro del área cognitiva: enlentecimiento del pensamiento, aparición de pensamientos negativos, rumiaciones, hipocondria, baja autoestima e ideas de desesperanza en su amplio espectro, inclso ideas suicidas.

- dentro de los síntomas somáticos aparece una fatiga generalizada, sobre todo a primeras horas del día, astenia, dolor en diferentes partes del cuerpo, cefaleas, trastornos digestivos, disminución en a líbido,...

- alteraciones en el ritmo circadiano, en el patrón de sueño y en los ciclos estacionales.

- dentro de los síntomas conductuales: llanto inmotivado, disminucion del rendimiento en diferentes áreas, tendencia al aislamiento.

Pero, estos síntomas ¿son causa o consecuencia de la fibromialgia? La verdad es que después de leer diversos estudios se puede concluir que la relación existe, pero no podemos asegurar en qué dirección funciona. Goldenberg et al. la describen como consecuencia e la depresión en un estudio realizado en 1986. En este caso los pacientes ya sufrían depresión en la mayoría de los casos a la fibromialgia, incluso familiares de primer grado sufrían síntomas depresivos.

Otros dicen que el estado de ánimo deprimido es consecuencia del síndrome fibromialgico, ya que es una respuesta a la frustración que siente el paciente por su incapcidad de realizar tareas con normalidad, las rumiaciones, la preocupación por actividades que causan más fatiga  dolor.

También se ha encontrado en muchos pacientes síntomas depresivos en el periodo desde que aparecen los primeros signos hasta que se resuelve el diagnóstico. Este desconocimiento, la preocupación por el origen de lo que ocurre, los cambios sufridos, la incomprensión de los que rodean a la persona, la incapacidad de dar a éstos una explicación a porque no puede realizar actividades cotidianas con normalidad, llevará a que los pensamientos negativos agraven notablemente el ciclo de dolor-ansiedad-tensión-dolor. Estos pacientes responden muy bien a terapias de reducción de ansiedad, lo que mejora el ánimo y reduce la intensidad del dolor.

Si hablamos con un grupo de pacientes que sufren de fibromialgia podemos observar que lo que más ansiedad les provoca son las actividades referentes a las relaciones interpersonales. Pensar en que van a estar en un ambiente que no les es conocido, con personas que no le conocen y pueden ser evaluados en algún aspecto. Saben que no son capaces de responder como otros a determinadas demandas por la fatiga y el dolor, por lo que asumir responsabilidades les agobia. Todo esto termina produciendo una bajada de autoestima que les invalida a veces más que el propio síndrome. Esta es la razón de su tendencia al aislamiento y de que se agrave la ansiedad y la depresión, a que disminuyen las oportunidades de refuerzos positivos y de contacto con otras personas.

Encontramos asociada muchas veces la fibromialgia con trastorno de la ansiedad generalizada. Se caracteriza por una preocupación excesiva,difícil de controlar, por sucesos o actividades la mayor parte del tiempo, con una duración de al menos 6 meses. Síntomas que podemos encontrar son: inquietud o impaciencia, fatiga, dificultad de concentración, irritabilidad,tensión muscular y alteraciones del patrón del sueño. 

Como podemos ver en lo expuesto hasta ahora,la depresión y la ansiedad se encuentran asociadas a la fibromialgia en un gran número de casos. Estas patologías psicológicas hacen que el síndrome se cronifique y que empeore la evolución de la enfermedad. Estudios han podido demostrar que las terapias dirigidas al control de la ansiedad y el uso de antidepresivos en algunos casos mejora los síntomas tanto ansiosos como la intensidad del dolor.