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Bienvenido a este pequeño rincón en el que intentaremos acercarnos a temas relacionados con la psicología más actual, además de compartir lecturas y reflexiones interesantes. ¡Espero que lo disfrutes!
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miércoles, 14 de mayo de 2014

¿Debo coger en brazos a mi bebé cuando llora?

Nuestro bebé llora, nos inclinamos a cogerlo y escuchamos una voz que nos dice: "no lo cojas mucho en brazos que se acostumbra". ¿A cuántas mamás o papás de los que están leyendo esto les es familiar esta escena?
mama con bb
Es una creencia instaurada en nuestra cultura el pensar que el contacto piel con piel habitual de la madre, si es en respuesta a los lloros del bebé, esta reñido con un buen desarrollo de la independencia del niño. Nos transmiten la idea de que meciéndolo en nuestros brazos cuando llora, llorará y llorará sin fin hasta que consiga lo que quiere, incluso lo seguirá haciendo de esta manera durante el resto de su vida. Afortunadamente, estas ideas están dejando paso a otras mucho más realistas y beneficiosas para el desarrollo emocional y físico de nuestro niño.
Cuando un bebé nace pasa de el único entorno que conoce, el útero, un lugar tranquilo, acuoso, oscuro, donde está en continuo movimiento (continuamente mecido), a un entorno desconocido e inquietante, con mucha luz, muchos estímulos sensoriales desconocidos, tiene que aprender como adaptarse. Entra dentro de la lógica pensar que este cambio le supone un nivel de estrés importante. A esto debemos sumar que los bebés procesan la información por canales sensoriales y emocionales, todavía no son capaces de racionalizar lo que ocurre, ni poner nombre a las cosas. No podrán hacerlo de manera correcta hasta los 3 años, y todavía después queda un largo camino para que pueda desarrollar completamente todas las capacidades cognitivas.
Si tu bebé llora es porque necesita algo: tiene hambre, está incómodo porque hay que cambiarle el pañal, tiene cólicos, tiene frio,... o necesita contacto. Hay que atender su llamada como con cualquier otra necesidad. Gracias a los abrazos y los besos que le damos interpreta que está seguro, que alguien más poderoso y que le quiere le protegerá de cualquier peligro que pueda acontecer, que hay alguien dispuesto a cubrir cualquier necesidad vital que tenga. Aquí están los cimientos del apego tan necesario y de un desarrollo emocional y de autoestima futuro.
Pero además hay algunas investigaciones que van esta línea y la apoyan. Lo que conseguimos cuando cogemos al bebé en brazos es estimular sus sentidos: el olfato, el tacto, el gusto, incluso el oido. Escucha latidos del corazón de alguien muy conocido, su madre, lo que le da tranquilidad, su voz al hablarle o cantarle. Desde que nace el primer olor que registra es el olor corporal de su madre, su temperatura, su tacto. Todo ello hace que sea más fácil que se sienta protegido y seguro. Regulamos su sistema nervioso. Las experiencias positivas en la infancia están relacionadas con mayores conexiones neuronales. El que el bebé se sienta seguro y querido hace que se enfrente al mundo de una manera más tranquila, sin estrés, y así pueden asimilar toda la información que tienen disponible en su entorno.
Si hacemos caso a los consejos que nos dan ciertas personas y le dejamos llorar y llorar ¿qué ocurre?. En ese caso el bebé llegará un momento que deje de llorar y llorará menos, efectivamente, pedirá menos ayuda, total, nadie va a responder a esa llamada de auxilio. La mayoría de los bebés que se encuentran en este caso tienen que aprender a calmarse por si solos, a defenderse solos de las posibles amenazas. Pero lo harán sin haber tenido la oportunidad de estrechar lazos con las personas que le quieren y cuidan, se perderán oportunidades de desarrollar los sentidos, de oler a su madre, de conocer su tacto. Será más difícil obtener el apego deseado, y nos perderemos oportunidades de tenerlo tan cerca. Y es probable que grabe en su memoria un patrón en el que, si alguna vez siente alguna amenaza, piense que esta sólo ante ella, responda con hiperatención y ansiedad, que es lo que ha aprendido.
Podemos además estar tranquilos ya que no es una conducta adictiva. Tengamos en cuenta que esta necesidad de contacto evolutivamente termina por pasar, llega un momento en el que ya no lo solicitará a no ser que tenga miedo, necesite protección, esté triste... Llega una etapa en la que lo que querrá es correr, explorar, interactuar con otros,...
Y si todo esto no termina de convenceros, os enumero otros beneficios que encontramos en el contacto madre/padre hijo:
- favorece la lactancia materna,
- favorece la expulsión de gases y con ello la disminución de los cólicos,
- se les estimula la atención, miran desde otro punto de vista  tienen más estímulos a su alcance,
- favorece el desarrollo correcto de las caderas, ayudando a evitar displasias,
- ayuda a evitar la plagiocefalia (alteración en la formación del cráneo por estar mucho tiempo "aplastada" contra una superficie),
- les ayuda a dormir,
- engordan más y
- lloran menos.
Son muchas las ventajas de responder a su demanda de cariño. Así que mi consejo es que justamente ese, calmarlo, acariciarlo. Podemos aprovechar los masajes que le damos a lo largo del día para estrechar lazos con él y decirle todo lo que le queremos de la mejor manera que él entiende. Acerquémonos a la cuna cada vez que llore, toquémosle suavemente, que sepa que estamos atentos a lo que le pasa y que puede dormir tranquilo. Y no nos preocupemos por malcriarle, si le cogemos en brazos y se calma es muy buena señal. 
Más adelante hablaremos a partir de que momento ese llanto comienza a tener otras funciones y como actuar.

Cómo ayudo a mi hijo a no asustarse en la oscuridad

Hay que tener presente que los niños no están exentos de temer. Conforme se va desarrollando su sistema nervioso y su capacidad de conciencia, saben que hay peligros que deben intentar evitar. La mayoría de estos miedos son evolutivos, les ayudan en su desarrollo y conocimiento del mundo, y en la creación de los esquemas mentales que funcionarán en su mente en un futuro.
Imagen
El miedo a la oscuridad es uno de esos miedos. Suele aparecer hacia los 2 años, a veces un poco más tarde. Y lo seguimos encontrando hasta los 6 o 7 años. Podemos decir que a los 9 ya estaría superado. Aunque nos encontramos a adultos que no lo han superado.
No tienen miedo a la oscuridad en sí misma. Aquí la mente juega un papel importante, ya que cuando tenemos un miedo lo que hacemos es anticipar un peligro potencial. Los niños temen el abandono, la separación con los padres, que aparezcan monstruos u otros seres que les dan miedo, miedo a que alguien les quiera hacer daño. Es por ello que, si tenemos presente esta idea, será más fácil para nosotros ayudarles a superar este miedo.
Hay que tener en cuenta la gran imaginación de los pequeños. Una sombra o un ruido no esperado puede ser asociado rápidamente con alguna escena que ha visto en la televisión o con algún pasaje que les ha asustado de alguna historia que han oído.
Rutinas
Irse a la cama no es del agrado de ningún niño. Se termina el tiempo de juego y de disfrute con los padres y tiene que irse a su cuarto, quedarse solo y dejar las aventuras aparcadas. Podemos hacer que los últimos ratos antes de acosarse sean agradables y nos vayan calmando para que sea más fácil conciliar el sueño.
La secuencia dependerá de cada uno, pero lo importante es que el esquema siempre sea el mismo. Por ejemplo, nos duchamos, luego cenamos, jugamos un ratito a algo muy tranquilo (o pasamos un rato juntos haciendo algo que no nos active), vamos al baño y nos lavamos los dientes, vamos a la cama, leemos un cuento.
Cuentos
Los cuentos infantiles suelen tener pasajes en los que la trama se complica, aunque su final sea positivo. Esto provoca que los niños se planteen ciertas cuestiones que en ellos aparecen,adaptándolas a su experiencia más cercana. Esto es normal y suele ayudar a superar dificultades que se van encontrando. Pero en algunos casos el efecto es contrario. Si observamos que nuestro hijo nombra alguna de estas escenas en el momento en el que nos habla de su miedo, podemos evitar esta clase de cuentos durante un tiempo y contarle historias más positivas.
Una pequeña luz
Es importante no dejar la luz encendida de su cuarto, pero podemos dejar un pequeño piloto en una esquina, que le deje ver que nadie está en la habitación. Incluso dejar algo entreabierta la puerta del pasillo y que entre luz del cuarto en el que estamos los apás, así estará tranquilo de que estamos cerca.
Tranquilizarle
Si el niño nos llama asustado debemos acudir. Hay que intentar no encender la luz de la habitación. Nos acercamos, le tranquilizamos, y volvemos a salir, dejando las mismas condiciones (luz,...) que antes. Deba saber que tiene que dormir solo y en su cama,no debe levantarse no venir al dormitorio de mamá y papá, pero que puede contar con que nosotros estaremos muy cerca si nos necesita.
Un muñeco
Tener un muñeco con él en los momentos de miedo puede tranquilizarles. Puede dormir con su muñeco favorito, o con algún superhéroe que lo proteja. Si es mayor y no quiere, puede tenerlo simplemente a mano por si esa noche lo necesita.
Jugar en la oscuridad
Esto les ayuda mucho a familiarizarse con ella, viendo que no aparece ningún ser fantástico y que no ocurre nada malo. Podemos dejar la habitación a oscuras y realizar algún juego, empezando con poquito tiempo y adaptándonos a la evolución de su miedo.
Tener una linterna en alguno de estos juegos puede ser de ayuda, además de muy divertido.
Estas son algunas pautas sencillas que pueden ayudarnos a ayudar a nuestro hijo a no asustarse en la oscuridad. Como hemos comentado al principio, hay que saber que estos miedos suelen pasarse solos con un poco de tiempo. Si vemos que la situación se complica y que el miedo pasa a ser una fobia que no le deja llevar una vida normal, podemos buscar consejo a un profesional que nos oriente en el caso concreto que nos encontremos.
Fuentes: Méndez, F.X. (2013). Miedos y temores en la infancia. Ayudar a los niños a superarlos. Madrid. Pirámide.
Foto: http://www.freepik.es/. Image ID: 1261068

martes, 1 de abril de 2014

HIPNOSIS, EFICAZ Y SEGURA

Cuando un psicólogo anuncia que realiza técnicas de hipnosis en consulta, mucha gente siente cierta sensación de rechazo. Es debido, sobretodo, al desconocimiento que existe sobre ella y la cantidad de mitos que rodean su práctica. Por eso en este post lo que voy a intentar es que quede clara la finalidad que se busca con la hipnosis, su papel dentro de la terapia psicológica, transmitir que es una técnica segura y desmontar algunas ideas erróneas que un porcentaje alto de gente tiene sobre ella.

Los que ya sobrepasamos una edad, todavía retenemos en la mente imágenes de programas televisivos en los que parte del espectáculo era ver a personas del público entrando en un trance especial y gracias al cual el hipnotizador podía conseguir que perdieran la voluntad e incluso hicieran el ridículo. Esta es la idea que tienen muchos pacientes en referencia a la hipnosis.

Para empezar, diremos que la hipnosis es una parte más de la terapia psicológica. Cuando un profesional anuncia entre sus servicios su práctica, no está ofertando que en el 100% del tiempo terapéutico se esté en ese trance. La hipnosis es una técnica más dentro de la gran variedad que existen. Sí que es cierto, que es una técnica muy eficaz y que los resultados los encontramos en poco tiempo, con lo que el avance en la terapia es más rápido.

Lo que conseguimos gracias a la hipnosis es acceder a la parte mas emocional de la persona. Es una focalización de la atención gracias a la que distraemos la parte más racional y así trabajamos con las emociones, con lo que esté en una zona más inconsciente. Guiamos al paciente para que consiga llegar a un estado muy profundo de conciencia, allí podemos trabajar ciertos problemas emocionales y avanzar en el tratamiento de su problema más rápido.

Contestando a algunas de las preguntas que la mayoría de los pacientes realizan al plantear una sesión de hipnosis:

- la hipnosis no engancha
- no se pierde el control
- no se le puede obligar a nadie a realizar algo que no desee
- no se olvida todo lo que ha ocurrido durante la sesión
- las personas más hipnotizables no son las más limitadas en capacidades mentales.

Seguro que se os ocurren más mitos, la mayoría no tienen fundamento. Estas ideas nos han sido transmitidas por los programas televisivos que antes comentábamos, o por películas, que alimentan esa parte más morbosa de nosotros que quiere pensar que eso puede ser posible.

Realmente la persona no pierde la consciencia, esta en un estado de consciencia diferente. Pero es ella
misma la que permite al profesional que le guíe hacia partes más profundas y la que deja que esas emociones salgan a la luz.

La persona que es hipnotizada es consciente en todo momento de lo que está pasando, tiene que estar de acuerdo y tiene que querer conseguir ciertos objetivos terapéuticos para conseguir ser hipnotizada. Si no, es probable que la sesión sea un fracaso y la persona se decepcione. Es por ello que la confianza en su terapeuta y la complicidad entre ambos tiene que ser máxima. 

Otro punto a dejar claro, es que no todo el mundo es igual de sugestionable, por lo que puede ser que para ciertas personas no sea la técnica más adecuada. Y no todas las patologías pueden o deben ser tratadas con hipnosis.

Pero, ¿qué podemos trabajar en hipnosis?

Con la hipnosis podemos trabajar muchos de los problemas que acuden a consulta:
- dolor crónico,
- ansiedad,
- problemas afectivos,
- fobias,
- miedos,
- mejora el sistema inmune,
- en el ámbito hospitalario se puede utilizar como apoyo a ciertas intervenciones,
- ...

El profesional hará una valoración del problema que se ha llevado a consulta, de la historia personal del paciente y de su sugestionabilidad, y decidirá si es la técnica adecuada para parte del tratamiento.

Un último punto a destacar es que debemos estar seguros de que el profesional que va a realizar la técnica tiene la formación necesaria. Debe ser un psicólogo, psiquiatra o médico formado. Debemos tener en cuenta que estamos trabajando con la parte emocional del paciente, con una parte muy sensible y que domina gran parte de nuestras experiencias, por lo que debemos estar junto con un profesional que sepa manejar todas las situaciones que nos encontremos.

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domingo, 9 de junio de 2013

Vitamina D y dolor crónico

A muchas personas diagnosticadas de fibromialgia se les prescribe tomar suplementos de vitamina D. Y es que hay estudios que nos muestran una correlación entre síntomas depresivos y fatiga con niveles bajos de esta vitamina.

La vitamina D la conocemos porque su deficiencia puede favorecer el desarrollo del raquitismo en niños. Desde que se supo, la leche y los preparados de alimentación infantiles van enriquecidos con vitamina D.  

La vitamina D es liposoluble y se encuentra almacenada en la grasa. Su principal función es ayudar al organismo ha absorber el calcio, que junto con el fósforo, es esencial para la formación ósea. La vitamina D también ayuda a que los niveles de estos dos minerales se conserven en sangre a niveles adecuados. Regula las células y el sistema inmunológico.

Se le llama la vitamina del sol, ya que se sintetiza cuando nos exponemos a el. Unos diez minutos tres cuatro veces por semana serían suficientes para sintetizar la cantidad necesaria para el mantenimiento de la densidad ósea. También podemos incluirla en la dieta. Se encentra en los producto lácteos, en pescados grasos, ostras, cereales, margarina, leche de soja enriquecida.

Su falta puede favorecer en niños el raquitismo, antes mencionado, y en adultos enfermedades óseas: adelgazamiento de los huesos (ostopenia), osteoporosis (huesos porosos, débiles) y osteomalacia (huesos más blandos, que lleva a debilidad y dolor muscular). Si esta falta se prolonga más tiempo se ha asociado a un mayor riesgo de sufrir enfermedades crónicas de corazón, diabetes, enfermedades renales, inmunológicas o incluso cáncer.

Desde hace unos años hay expertos que reconocen encontrar una relación entre la baja producción de vitamina D y dolor crónico. Incluso algunos creen que considerando los niveles de vitamina D se podría hacer una diagnóstico diferencial de pacientes con dolor músculo-esquelético, fatiga crónica y fibromialgia.

He encontrado varios estudios en los que se constata que un porcentaje significativo de personas que padecen estas enfermedades tienen niveles bajos o déficit de vitamina D. También es cierto que la existencia de niveles bajos no tiene porque desarrollar complicaciones de este tipo. Lo importante es que poco a poco se van recogiendo datos que nos servirán para ir cercando el problema y encontrar una solución.

Un trabajo del doctor Luigi Ferrucci del Instituto Nacional de Envejecimiento en Baltimore recoge relación entre los niveles de vitamina D y depresión en adultos mayores. Estudió la evolución de los factores asociados a la pérdida de movilidad durante 6 años. Las mujeres con insuficiencia sufrieron un mayor deterioro anímico a los 3 y 6 años de estudio. Un test estandarizado mostró aumento de los síntomas depresivos en comparación con las mujeres que mantenían los niveles adecuados. En hombres la asociación no fue lo suficientemente sólida.

El estudio no prueba que los bajos niveles de vitamina D causen depresión, pero los autores señalaron que las personas con una baja proporción del nutriente tenían otras características predisponentes a desarrollar este trastorno. http://senalesdelostiempos.blogspot.com.es/2010/05/asocian-bajo-nivel-de-vitamina-d-con.html

En otro estudio realizado por los doctores Armstrong DJ, Meenagh GK, Bickle I, Lee AS, Curran ES, Finch MB del Departamanto de Reumatología Musgrave PArk Hospital de Inglaterra, investigaron a 65 pacientes con fibromialgia. Midieron los niveles en sangre de vitamina D y comprobaron su impacto sobre la ansiedad y la depresión. El 13,3% de los pacientes tenían niveles deficientes, el 56% niveles escasos y el 30,7% niveles normales. También apoya la implicación en los trastornos.

Existen artículos en los que los resultados no se han replicado. Debemos tener en cuenta que ni todas las personas que desarrollan este tipo de trastornos tienen déficit de vitamina D, ni este déficit siempre provoca problemas asociados de este tipo. También hay diferencias significativas dependiendo de la parte del mundo que estemos estudiando,ya que la exposición al sol y la alimentación son diferentes. Incluso parece que la genética también dice mucho, al igual que el color de la piel (las pieles oscuras sintetizan más difícilmente la vitamina D). Y sintetizarla es una cosa, pero es necesario que la absorción por el organismo sea correcta.

Ahora sabemos que trastornos como la fibromialgia, neuropatías, migrañas, dolores osteo-musculares, pueden estar asociados a bajos niveles de vitamina D. Quizá no sea concluyente en el 100% de los casos, pero merece la pena tenerlo en cuenta ya que, aunque no solucionemos el problema, podemos hacer que los síntomas mejoren significativamente. A muchas mujeres con fibromialgia se les ha prescrito un suplemento y han constatado una disminución de las molestias.

martes, 6 de noviembre de 2012

BRUXISMO

Parece que el bruxismo empieza a ser un trastorno cada vez más conocido. Todos sabemos de alguien que lo padece o incluso puede que nosotros mismos estemos afectados. Así que expondré de una manera clara y sintética las características del mismo.

El bruxismo es un actividad de las que se denominan parafuncionales, es decir, que no tiene propósito funcional. Se produce al rechinar o apretar los dientes, de manera inconsciente y la mayor parte de las veces de noche.

No es un problema que haya surgido en esta última época, aunque es ahora cuando se ha empezado a conocer en la mayor parte de la población. Podemos encontrar referencias al "rechinar de dientes" en escritos antes de Cristo, incluso en la Biblia. Y ha tenido diferentes definiciones a lo largo de la historia, pero siempre con ciertas características comunes.


El apretar los dientes o rechinarlos puede darse de día o de noche, denominándose bruxismo diurno o nocturno respectivamente. Aunque bien es cierto que el nocturno es el que resulta más problemático, ya que su control es difícil.

CAUSAS

Las causas aún no se han aclarado pero, si nos guiamos por factores que encontramos sistemáticamente en las historias clínicas, podemos señalar que el el estrés puede ser el desencadenante en muchos afectados. La alta exigencia de la vida que se lleva en la actualidad tanto en el trabajo como a nivel social y familiar, hacen aumentar los niveles de estrés a los que nuestro organismo se enfrenta. También alteraciones en el sistema nervioso, las pautas de alimentación, la postura corporal, hábitos de sueño, pueden estar detrás.

Hay relación entre bruxismo y sistema dopamnérgico. Por ello sustancias estimulantes (cafeína, teína, bebidas de cola, chocolates), algunas drogas y el alcohol tienden a incrementar su incidencia. 

Como vemos, su causa es multifactorial.

SÍNTOMAS

El bruxismo causa dolor en la zona mandibular y en la articulación temporo-madibular, alteraciones en la dentición, cefalea, problemas digestivos, molestias musculares en cuello, nuca, dolor en columna vertebral. Se produce una sobrecarga del sistema masticatorio que con el tiempo produce un desgaste de las piezas dentarias y contracturas en los músculos afectados en la masticación. Las encías se debilitan, inflaman e incluso se produce movilización dentaria. También es cierto que muchos afectados no llegan a experimentar estos síntomas o no lo suficiente para que les afecte en la vida diaria. Y, otras veces, las personas se centran en los problemas musculares, estomacales,... sin pensar que el origen puede estar en este problema.

CLASIFICACIÓN

Según el momento del día, como ya hemos comentado, puede ser:
- Bruxismo de vigilia: se da cuando la persona está despierta, normalmente durante el día.
- Bruxismo de sueño: se da en determinadas fases del sueño, no es exclusivo de la noche.
- Mixto: se da tanto en vigilia como durante el sueño.

Según su causa:
- Primario: si no existe causa aparente.
- Secundario: la causa la podemos objetivar. Normalmente si se trata esa causa podemos revertir algunos de los efectos que produce.

Según la edad:
-  Infantil
- Adulto

Según la actividad motora mandibular:
- Céntrico: con apretamiento mantenido. Con contracciones tónicas musculares.
- Excéntrico: por frotamiento mandibular o rechinamiento.
- Mixto: se produce apretamiento y frotamiento.

Según permanezca o no actividad parafuncional:
- Actual: existe frotamiento o apretamiento en el momento actual, o que puede estudiarse e incluso verse en la unidad del sueño.
- Pasado o histórico: hay signos de que hubo bruxismo pero no en la actualidad, aunque puede que problemas de masticación u otros permanezcan.

Todos los criterios anteriores han de ser valorados. Podemos encontrar diferentes combinaciones, aunque lo normal es encontrar un bruxismo en vigilia más suave y de tipo céntrico, así como que el nocturno sea excéntrico y sonoro.

EPIDEMIOLOGÍA

Puede afectar a cualquier edad, por ello que esté clasificado en infantil y adulto. En algunos niños pequeños se ve como aprietan los dientes a menudo pero, según especialistas, puede ser normal en edad de desarrollo y remite sólo y sin consecuencias. Debemos que tener especial atención cuando continúa tras los 14 años. Afecta fácilmente a estudiantes y universitarios. 

Afecta entre el 6-8% de la población en edad media. Disminuye con la edad. Según algunos estudios, las mujeres están afectadas más que los hombres, (incluso en una proporción de 2:1 en algunos estudios). Otros llegan a la conclusión de que ambos sexos están afectados por igual, pero que las mujeres acuden más a consulta para buscar soluciones. Parece que el estrés los hombres lo liberan habitualmente de otras maneras. 

TRATAMIENTO

En niños no suele indicarse ningún tratamiento, ya que se ha observado que este hábito suele desaparecer con la edad.

En adultos, el tratamiento debe ser personalizado. Una buena recopilación de los síntomas, historia personal y familiar, hábitos alimentarios, de sueño, un examen dental. Con todos estos datos se determinará la causa potencial del problema. Dado que la mayoría de las veces la causa es mulrifactorial y es difícil de determinar, el tratamiento será sintomático y destinado a disminuir la intensidad del problema y sus consecuencias.

Normalmente el odontólogo recomienda el uso de férulas de descarga o relajación muscular durante la noche. Se hacen a medida de manera que se consiga que los dientes no tengan contacto al realizar los movimientos mandibulares, evitando el desgaste y la excesiva presión entre ellos. Esta disminución de presión relaja la musculatura afectada y disminuye la intensidad de los síntomas. Es una buena opción, aunque hay que tener en cuenta que no desaparece el bruxismo, sólo se minimizan los síntomas.

Respecto a los fármacos, se han prescrito en ocasiones relajantes musculares, ansiolíticos con efecto a corto plazo y analgésicos. En algunos estudios encontramos el uso de antidepresivos. El uso de medicamentos no es un tratamiento de elección, ya que vadirigido a controlar algunos síntomas.

Manejo del estrés. Al ser una de las fuentes más importantes del problema, es una de las claves para disminuir la intensidad y frecuencia de bruxismo. Se pueden intentar diferentes actividades que relajen y mantengan un entorno tranquilo, pero si no se consiguen avances, podría ser necesario acudir a un profesional.

Calor local. El calor aplicado en la zona dolorosa consigue aumentar la circulación y ayuda a disminuir el dolor,  ayudando también a los analgésicos y antiinflamatorios en su acción.

Toxina botulínica en los músculos masticadores. Es un gran relajante muscular local, inócuo, su efecto tiene una duración media de 3 a 6 meses. Al no actuar e el SNC, no produce efectos secundarios como somnolencia, disminución de reflejos...


martes, 14 de agosto de 2012

ANSIEDAD

La ansiedad es un estado que experimentan todas las personas. Es una respuesta a un estímulo que consideramos amenazante para la vida o nuestra integridad. Experimentamos nerviosismo, sudoración, taquicardia, aumento de la tasa respiratoria... Esto es lo que podemos denominar estrés. Este es una activación que nos permite prepararnos para enfrentarnos a la situación amenazante. Puede haber una reacción de huida, dejando atrás el peligro y alejándonos de la fuente conflictiva, o de ataque defensivo, intentando que desaparezca el origen del miedo.

Hasta aquí todas las reacciones son normales y adaptativas. Nuestro organismo está programado para hacer frente a amenazas que nos podemos encontrar en el medio.  Este bagaje viene de nuestros antepasados, cuando tenían que aprender a defenderse de otros depredadores o de peligros que encontraban en la naturaleza. Todos los signos físicos tienen la función de preparar al organismo para huir de la escena que puede causarnos daño, inyectando energía a los músculos y permitiendo que nuestros sentidos presten atención sólo a lo realmente importante para la supervivencia.

El problema surge cuando esta sensación de alarma se queda gravada en el cerebro y es capaz de activarse ante situaciones no peligrosas, haciendo que estemos en continua alerta innecesariamente y con nuestro cuerpo en tensión.

Hoy en día nuestras amenazas no son depredadores, pero esta señal de alarma nos sirve para reaccionar ante otros estímulos que pueden ponernos en peligro como un atropello, un ataque de otra persona, riesgo de quemarse con un fuego, riesgo de caídas,... Esta señal llega al cerebro y activa los mecanismos que nos ponen alerta y preparados para actuar. Es entonces cuando se manifiestan ciertos síntomas. Cuando éstos se mantienen mas tiempo del necesario deja de ser un mecanismo adaptativo para comenzar a ser un problema. Nuestro cuerpo se ve sometido a una activación mantenida y pueden aparecer problemas derivados como:

-síntomas gastrointestinales
-insomnio
-taquicardias
-escalofrío
-sensación de ahogo o sofocos
-hormigueos en manos y pies
-sudoración
-mareos o desmayos
-tensión muscular

Pero a nivel cognitivo y psicológico también encontramos consecuencias. Hay una preocupación excesiva que puede convertirse en obsesiva, preocupación, irritabilidad, enlentecimiento cognitivo, agobios, inseguridad, temor a perder el control, incertidumbre, incapacidad para tomar decisiones. Hay dificultad en las tareas de memoria, atención y concentración, empieza a desconfiar de lo que ocurre en algunos aspectos que le rodean y se centra en los pensamientos negativos. Sus pensamientos suelen estar distorsionados y se vuelven repetitivos. Se vuelven dubitativos y desconfiados, incluso sus acciones se dirigen a la prevención de la amenaza, repitiéndose incluso de manera abusiva.

Esto deriva en una serie de síntomas conductuales. La persona esa en alerta más tiempo del necesario, sufre de hipervigilancia, se bloque, tiene dificultades para actuar de manera eficiente, puede comenzar a tener olvidos o torpezas, actúa de manera rígida, cambia su lenguaje corporal, tensiona su cuerpo continuamente (por ejemplo la mandíbula), se muestra indeciso.

Esto es lo que actualmente se conoce como trastorno de ansiedad. Es verdad que todos los días nos enfrentamos a situaciones que pueden ser estresantes, pero la mayoría no las recordamos porque a nivel consciente nos llegan las nuevas o las que requieren ayuda de los mecanismos cognitivos. Quizá se nos olvide que esta mañana casi nos atropellan y que un perro nos ladró demasiado cerca, ya se encargan nuestros mecanismos ancestrales de protegernos.

El problema puede surgir cuando la interpretación de esta situación estresante es desproporcionada y nos provoca una ansiedad que no es adaptativa. Para que consideremos el trastorno de ansiedad los síntomas anteriores han de darse un tiempo no menor a 6 meses. También es necesario un cierto tiempo para que la persona que lo sufre se dé cuenta de ello. Suelen ser personas que intentan llevar el mismo ritmo de vida que llevaban o el ritmo de vida que consideran que deben llevar para conseguir los fines que se han propuesto, por esto muchas veces cuando se dan cuenta ya llevan sufriendo bastante tiempo.