BIENVENIDO

Bienvenido a este pequeño rincón en el que intentaremos acercarnos a temas relacionados con la psicología más actual, además de compartir lecturas y reflexiones interesantes. ¡Espero que lo disfrutes!

viernes, 31 de agosto de 2012

UNA SONRISA

Quizá siempre creíste que el sentido del humor "se hace", pero neurólogos estadounidenses con han demostrado que "se nace" con una predisposición genética, aunque desarrollarlo dependerá del entorno en el que nos hayamos movido y los valores aprendidos.

La sonrisa del bebé es una sonrisa espontánea y refleja. Suele aparecer sobre la sexta semana. Ya con dos semanas algunos estímulos provocan una leve sonrisa, automática y a veces incompleta.  Podemos verla cuando duermen, cuando están tranquilos o después de comer. Con este gesto sabemos que el bebé está bien, pero no es una respuesta a otra persona. Paradójicamente, consigue intensificar la relación madre-hijo, desarrollando el lazo entre ellos y fortaleciendo el apego.

Poco a poco el niño especifica ante qué estímulos sonríe. En este momento sonríe ante personas que conoce y que le gustan, o ante cosas que le hacen disfrutar. Primero lo hace ante estímulos auditivos, como la voz de su madre, hacia la quita semana lo hace también ante rostros humanos, lo que se fortalece al tener respuesta de los adultos a los que sonríe. Normalmente es su cuidador quien recibe más sonrisas.

Las últimas en aparecer son las respuestas sociales diferenciadas. Aquí es cuando el niño responde diferente ante familiares y extraños. Podemos encontrar los típicos temores ante gente que no conoce y entusiasmo ante las personas más conocidas. Este tipo de respuestas ya se mantienen de por vida, aunque moduladas por la experiencia.

Pero la sonrisa no es sólo una herramienta de comunicación social, también tiene efectos sobre nuestro organismo.

Cuando se dice que la risa libera estrés es cierto. Este efecto lo consigue gracias a la reducción del cortisol en el organismo (hormona que produce estrés) y aumenta la respuesta inmunológica por la liberación de linfocitos, lo que ayuda a enfermar menos.

Tiene efecto analgésico por la liberación de endorfinas desde el hipotálamo y consigue que el cerebro esté alerta y activo por la activación de adrenalina. También mejora la musculatura, tanto facial como torácica y abdominal, liberando tensiones y mejorando el funcionamiento cardíaco. En la cara tenemos 15 músculos implicados en la risa que, al ejercitarse, mejoran la elasticidad de la piel. Pero si nos reímos con carcajada los músculos que se movilizan llegan hasta 400, incluso algunos del estómago que sólo pueden ejercitarse de esta manera.Se liberan lágrimas que lubrican nuestros ojos y hacen que la nariz y los oídos se despejen.

Si queremos tener otra razón para reír más a menudo, diremos que 20 segundos de carcajada equivalen a 3 minutos de ejercicio aeróbico. O que una hora de risas es como media hora de levantamiento de pesas. Entra el doble de aire en los pulmones, oxigenando más nuestro organismo y facilita la digestión.

Hasta el momento, los únicos animales que saben reír son los humanos. Pero esta capacidad que produce tantos efectos positivos en nuestro organismo, es irracional. Lo que nos hace reír son estímulos que entran por  cualquiera de nuestros sentidos, pero no hay algo concreto. Puede hacernos reír una broma que escuchemos, una torpeza que veamos, imágenes, piezas musicales, textos,... No sabemos porque unas personas se ríen más que otras, pero sí que las primeras suelen ver la vida de una manera más positiva. 

La risa puede ser una herramienta que podamos utilizar incluso en momentos malos. Ante problemas que se nos presenten podemos elegir si preocuparnos en exceso, entrando en un estado negativo, o usar el sentido del humor, dejando a un lado la actitud compasiva hacia nosotros mismos. Es una manera de ejercitar mecanismos cerebrales que activan los mecanismos de solución de problemas, en vez de entrar en un círculo vicioso que no deja espacio para nuevas salidas del problema.

Hay varias formas de comenzar a ser optimistas. Podemos comenzar sonriendo más, aunque al principio sea de una manera más forzada. Intentemos centrar nuestra atención en las cosas que nos hacen sentir bien, focalicemos nuestra atención en lo que nos produce bienestar y nos alegre. Es una forma de buscar nosotros  un canal mental que multiplique las opciones de que sonriamos. 

Desarrollar nuestro sentido del humor es también importante en las relaciones con los demás. Sonreír muestra cortesía, transmitimos confianza y que estamos a gusto con su compañía. Esto hace que los otros bajen sus defensas y se relajen a nuestro lado, fortaleciendo la confianza mutua. También es cierto, y todos lo hemos experimentado, que las personas que nos hacen sentir bien consiguen que queramos pasar más tiempo a su lado y que también estén a gusto con nosotros.


lunes, 27 de agosto de 2012

DEPRESIVO, PERO NO TRISTE

Hay pacientes que llegan a consulta y nos exponen una serie de síntomas físicos para los que los médicos no han encontrado causa justificada. Según ellos su estado de ánimo no es negativo, sonríen sin dificultad y dicen que todo va bien.

Hablan de los síntomas físicos, describiendo su falta de apetito, problemas de sueño, disminución de la libido, taquicardias, cansancio. Han visitado varios médicos y parece no haber causa justificada para sus molestias.

Sólo hay que hacer las preguntas clave para que el propio paciente deje al descubierto lo que se encuentra al otro lado del ovillo: una depresión. Ésta no se expresa con los síntomas que todos asociamos, como tristeza, desesperanza, desgana. En cambio encontramos a una persona que no siente tristeza, es más, parece que puede tener incapacidad para sentirla. 

Tenemos delante una persona que dice no sentirse triste, pero seguramente nosotros sí podamos identificar a través de la entrevista, la expresión corporal y facial, la prosodia que utiliza, los eventos que nos cuente, que la tristeza forma parte de su vida. Si se les realizan preguntas directas sobre el sentido que ven a su vida es probable que nos sean sinceros y nos confiesen que lo ven claro, que no creen que sean imprescindibles en algunos de los ámbitos vitales en los que se envuelven (quizá crean que su familia podría estar mejor sin él, o que no pasaría nada en este caso).

A este trastorno se le llama depresión no disfórica. Es un problema que se encuentra sobre todo en adultos mayores, sobretodo a partir de los 50. Al rededor de un 5% de los mayores de esa edad puede padecerla. Afecta por igual a hombres y a mujeres, y se ha encontrado algún caso en personas jóvenes.

El Dr. Sergio Paradiso es un sicialiano que trabaja desde hace años en la Universidad de Iowa (EEUU) como profesor asociado de psiquiatría y Neurociencias y ha estudiado este trastorno. Dice que "no existe en ellos conciencia de las emociones o de lo que significan, pero demuestran, entre otros, sentimientos de culpa o pensamientos de falta de esperanza en el futuro".

Esta disminución de la capacidad de entendimiento y expresión de los propios sentimientos, parece que está ligada parcialmente con la capacidad cognitiva, especialmente con la capacidad analítica, e influyen condicionantes culturales y estilos de crianza. Parece que el desempeño escolar es un buen predictor, al igual que lo es de la inteligencia general, incluso de la emocional. Personas afectadas han podido tener poco éxito en el área académica.

Parece que son necesarios genes que predisponen a la depresión o sucesos traumáticos para sufrir la depresión no distímica. Esto nos deja un punto en común con los trastornos depresivos y afectivos, pero con una expresión diferente. "Esta conciencia anímica inferior puede estar influida por estilos de crianza: en algunas familias se recompensa el ser estoico, no hablar nunca de la propia emoción y no se desarrolla una capacidad verbal de transmisión de sentimientos. Este aspecto no se puede excluir", propone Paradiso.

Tener alguna lesión en el hemisferio cerebral derecho es un factor de riesgo que apuntan en la investigación. Puede ocurrir también cuando está afectada la corteza cingulada anterior, importante para la conciencia emocional. Señalan que estos fenómenos se pueden encontrar también en cerebros de personas con Parkinson o demencia frontotemporal.

Hay que señalar que este trastorno no tiene nada que ver con la distimia, de la que hablamos en la entrad anterior. La distimia es una forma de depresión, con síntomas depresivos más leves y de larga duración. Pero la persona es consciente de la tristeza que está sintiendo.

Paradiso concluye que: "el depresivo sin tristeza no siente pena ni siente ansiedad. Ha transferido todo su malestar al cuerpo y no puede expresar ninguna emoción vinculada  a lo anímico. Si un médico recibe a un paciente que se queja de síntomas físicos pero cuyo organismo funciona bien, es un caso para estudiar un poco más. En clínica geriátrica especialmente es necesario profundizar para descartar o no la presencia de un cuadro que, de no tratarse, puede extenderse en el tiempo por falta de tratamiento o aumentar el riesgo suicida, presente en todo cuadro depresivo".

No proponen un tratamiento específico. Lo importante es buscar ayuda cuando el cuadro presente pueda cuadrar con lo expuesto. La depresión se puede tratar desde muchos modelos, pero lo esencial es conseguir conectar con lo que uno es y tener un diálogo sincero con nuestras emociones.

sábado, 25 de agosto de 2012

DEPRESIÓN Y ESTRÉS EMPEORAN LAS CONEXIONES NEURONALES

Desde que se estudia el funcionamiento del cerebro, diversos estudios científicos han puesto de manifiesto las modificaciones que sufre el cerebro al verse sometido a situaciones especiales. Se sabe que niveles altos de cortisol, hormona segregada cuando sufrimos estrés, reducen el tamaño del hipocampo. Ésto hace que tengamos déficits en memoria y aprendizaje. 


Ahora, un nuevo estudio de los científicos de la Universidad Yale, ha dejado al descubierto resultados que dicen que en las personas que sufren depresión o estrés el tamaño del cerebro se encuentra reducido. Analizaron muestras de tejido cerebral donadas por personas que habían sufrido depresión y personas que no. Se ha encontrado pérdidas en las conexiones neuronales, generando una alteración en los procesos cognitivos y emocionales. Incluso pérdida de la masa cerebral de la corteza prefrontal. 

Parece que el responsable de estos fenómenos es el factor de transcripción GATA1. Es una proteína cuya principal funciones reprimir la expresión de cinco genes necesarios para que se produzcan las conexiones sinápticas neuronales.Las personas que habían estado en depresión tenían menos expresión de estos genes.

Si se pierden conexiones cerebrales se puede reducir la masa cerebral, tanto en la corteza prefrontal como en el hipocampo, afectado a los procesos de memoria, aprendizaje, procesamiento y análisis de información.

"Hemos demostrado que los circuitos normalmente involucrados en la emoción, así como la cognición, se interrumpen cuando este factor de transcripción se activa", comentaba Ronald Duman, autor principal del estudio. Esperan que las funciones de GATA1, pueda ayudar a identificar quién tendría alto riesgo de depresión y estrés. Si mejorasen las conexiones sinápticas, quizá se pudieran desarrollar terapias más efectivas.

Aún no se sabe qué hace que se manifieste el factor GATA1 en la depresión ni si es hederitario, pero el saber que está implicado es un paso importante.

DISTIMIA, ¿QUÉ ES?

La distimia es una forma de depresión que afecta a gran parte de la población. Es un trastorno afectivo de carácter crónico depresivo leve. Es menos severo que la depresión, pero su duración es mayor. Es como si la persona se encontrara triste continuamente. Es algo desconocida, pero afecta a entre un 3 y un 5 % de la población, mayoritariamente a mujeres en comparación con hombres. Puede aparecer sola o asociada a otros trastornos psiquiátricos.

SÍNTOMAS

Distimia significa "humor perturbado", algo que nos da pistas sobre los síntomas que nos encontramos en este trastorno.

Aparecen cambios breves del estado de ánimo, no encuentran ilusión especial por nada, están desmotivados, les cuesta considerar su vida feliz. No les es fácil concentrarse, disminuye el rendimiento intelectual, baja su energía casi como si se estuvieran apagando. Podemos encontrarlos aislados y con poca vida social. Se irritan con facilidad, inclinándose a ser personas negativas y pesimistas. Presentan baja autoestima, poca autoconfianza. Miran mucho hacia el pasado, a menudo con sentimientos de culpa.

A nivel físico, se alteran los ritmos biológicos tanto de sueño (se despierta varias veces y su sueño no es reparador) como en los patrones alimenticios (inapetencia o ingesta compulsiva). Incluso pueden sufrir alteraciones somáticas. Sienten fatiga o cansancio de manera crónica.

Las personas con distimia suelen pensar que la tristeza es parte de su vida e incluso de ellos mismos.

DIAGNÓSTICO

Cuando diagnostiquemos a una persona de distímico veremos que su síntoma principal es el estado de ánimo triste de manera habitual (casi todos los días, se manifiesta de manera casi continua) y durante al menos dos años, sin que existan más de dos meses seguidos en los que no encontremos los síntomas que hemos expuesto. Este estado es de melancolía, se muestran apesadumbrados, pero no cumplen con todos los patrones diagnósticos de la depresión.

Además, en los dos primeros años en que el trastorno está presente no debe haber sufrido ningún episodio de depresión mayor. Estaríamos aquí hablando de algo distinto a la distimia, seguramente de un episodio depresivo mayor pero con momentos de mejoría en la intensidad de los síntomas.

TRATAMIENTO

El tratamiento más efectivo es el que combina fármacos con una terapia psicológica.

Los antidepresivos inhibidores de la recaptación de la serotonina suelen ser de elección. Mejoran mucho los síntomas, aunque tienen efectos secundarios como problemas digestivos y de la función sexual, que a algunos pacientes les afectan en su vida normal. Para los que no mejoran existen antidepresivos menos nuevos como los tricíclicos o los inhibidores de la monoaminooxidasa. Se combinan con estabilizadores del ánimo y ansiolíticos.

La mejoría con tratamiento combinado tiene una buena perspectiva. La intensidad y duración de los síntomas disminuyen de manera significativa, incluso a veces remiten. De todas formas, suele ser un tratamiento largo.

viernes, 24 de agosto de 2012

TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN EN ADULTOS

El Trastorno por Déficit de Atención (TDHA) se ha considerado durante mucho tiempo exclusivo de la edad infantil, pero ya se ha demostrado que puede estar presente entre un 3 y 4 % de la población mundial. Los síntomas comienzan antes de los 7 años, es por esto que se suele diagnosticar en la infancia o adolescencia y se hable casi siempre de los que sufren esta enfermedad en ese periodo. De los niños que han sido diagnosticados de TDHA en la infancia entre un 30 y un 60 % seguirá teniendo síntomas en la etapa adulta.

Dicen que el TDHA puede ser el trastorno psiquiátrico no diagnosticado más común en adultos. Como hemos comentado antes, se pensaba que era un trastorno sólo presente en niños, hasta final de la década de los 70 no empieza a pensarse en estudiarlo en adultos. En personas adultas también lo encontramos normalmente acompañado de otros problemas psiquiátricos que pueden derivar del TDHA o sumarse a la sintomatología, esto a veces hace que el diagnóstico sea más difícil o equivocado. También la vida es más complicada conforme pasan los años, lo que hace que los diferentes factores sesguen las opiniones de las personas que les rodean, que no dejan de ser informadores de las pautas conductuales del paciente, en niños estos factores son más simples, ya que sus ambientes se suelen limitar al ámbito familiar y escolar.

SÍNTOMAS

Los síntomas que existen en TDHA por definición son la falta de atención, impulsividad e hiperactividad. Pero en adultos no tienen porque manifestarse como en los niños.

En adultos nos encontramos a personas despistadas, les cuesta recordar lo que acaban de leer o escuchar, son desorganizados, impulsivos. Les cuesta mantener la atención en la misma cosa durante mucho tiempo y terminar las tareas que se proponen. Cambian de carrera o trabajo, y normalmente el rendimiento en estos ámbitos es bajo. Tampoco se suelen orgnizar bien en las tareas cotidianas, incuso a la hora de plantearse el futuro de facturas y otros pagos. Les cuesta solucionar problemas.

Suelen ser impuntuales, trasnochadores, toman sustancias excitantes como café, tabaco,... No piensan lo que dicen, toman decisiones impulsivamente y sin sopesar las consecuencias. Todo esto les lleva a tener problemas en las relaciones interpersonales, tanto personales como laborales. Que no tengan buen rendimiento o éxito no quiere decir que su potencial intelectual sea muy limitado, pueden ser extremadamente inteligentes aunque en el colegio escucharan mucho "que no ponían de su parte". Se ha visto que algunos terminan destacando en la etapa universitaria,siendo que sus capacidades cognitivas se hayan desarrollado más tarde. Hay quien dice, como el doctor Montañés (psiquiatra infantil) que "el TDA es en el fondo un retraso en la maduración de las capacidades cognitivas". No hay que olvidar que también hay afectados por TDHA cuyo coeficiente intelectual es muy bajo realmente.

Una diferencia con el TDHA en niños es que a nivel psicomotriz la hiperactividad que muestran no es tan incapacitante. Es decir, en la edad infantil vemos como les cuesta dejar de moverse, correr, saltar, lo que hace difícil su trato en la escuela u otros ámbitos. En adultos lo normal es que e limiten a mostrar inquietud, hablar sin parar, mover ciertas partes del cuerpo de manera nerviosa, como manos o pies.

Podemos encontrar comorbilidades con otros trastornos psiquiátricos. Las más comunes son con trastornos del humor, como distimia, depresión o trastorno bipolar. También con trastornos de ansiedad y abuso de sustancias como la nicotina, la cafeína o el alcohol.


Normalmente entre ellos encontramos muchas personas creativas y divertidas, sólo hay que realizar un buen diagnóstico para conseguir que mejoren los síntomas de su trastorno y puedan llevar una vida lo más plena posible.


TRATAMIENTO

Lo más importante en la intervención con TDHA es conseguir un diagnóstico temprano, cuanto antes sepamos la existencia del trastorno y antes se comience con el tratamiento, más eficaz será éste.

El tratamiento farmacológico con estimulantes se considera una parte fundamental del tratamiento, al igual que en los niños. Suelen mejorar los síntomas principales: hiperactividad, impulsividad y concentración.

Pero para que lo hagamos realmente bien y encontremos una evolución positiva, es importante que sea  combinado con terapia psicológica. En ella se desarrollan técnicas de autocontrol, relajación, habilidades sociales, técnicas de solución de problemas. Es una terapia dirigida a disminuir la sintomatología, ya que hasta el momento no es posible solucionar el problema de raíz.


sábado, 18 de agosto de 2012

TRASTORNO DE HIPERACTIVIDAD CON DÉFICIT DE ATENCIÓN

El trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un problema de falta de atención, exceso de actividad, impulsividad o una combinación de todos ellos. Es uno de los problemas psiquiátricos diagnosticados con más frecuencia en edad escolar. Estudios epidemiológicos recientes a nivel mundial dan una prevalencia de entre el 8 y el 12% en niños y adolescentes y 1,2 y 7,3 % en adultos. Y más frecuentemente entre el sexo masculino.

SÍNTOMAS

Quien lo sufre tiene dificultades para poder concentrarse, prestar atención, falta de paciencia. Puede que tienda a "soñar despierto" o ensimismarse, parece que no escucha a los que le rodean, se distrae con facilidad, se le ve como a una persona olvidadiza.

También es normal ver que la persona no para quieta, moviéndose todo el tiempo y siendo incapaz de estar jugando tranquilamente o con la necesidad de cambiar de actividad a menudo. Esto provoca que no preste atención a los detalles de las tareas que realiza y en ocasiones cometa errores en las tareas que realiza. Pierde con frecuencia los juguetes, libros.

Interrumpen a los demás, sin paciencia para esperar que terminen lo que estén haciendo, diciendo, o que llegue su turno. Son personas que actúan y hablan sin pensar las cosas antes. Todo esto puede provocar problemas en el ámbito escolar o laboral, así como en las relaciones con los demás.

CAUSAS

Las causas no se saben precisar todavía en la actualidad. Hay una serie de factores que parecen claramente relacionados, pero falta precisar que papel juega cada uno y el peso que tienen en el mismo.

Parece que es un trastorno con un componente genético, ya que en diferentes estudios se han encontrado relaciones hereditarias. El plomo también se ha relacionado, y lo encontramos en pinturas viejas, repuestos... Malos hábitos en las mujeres embarazadas, como beber o fumar, puede provocar en el bebé problemas de atención. Partos prematuros, bajo peso al nacer.
Daños cerebrales. Hay estudios que señalan la falta de algunos neurotransmisores, en especial la dopamina y la norepinefrina. Las áreas cerebrales implicadas son la corteza prefrontal, los núcleos basales y el cerebelo. Y también se ha visto que determinados aditivos alimentarios, como colorantes artificiales, pueden empeorar los síntomas.

Cualquiera que sea la causa, parece que se inicia cuando el cerebro comienza a desarrollarse.

DIAGNÓSTICO

Normalmente se tarda un tiempo en determinar que una persona tiene TDAH. En la actualidad se ven muchos diagnósticos de este trastorno que, si se estudiaran los casos en profundidad, son realmente problemas de ansiedad, depresión u otros problemas de aprendizaje, que tienen síntomas similares.

Un buen diagnóstico se realiza en diferentes etapas, comenzando por una evaluación médica, con pruebas de audición y visión con los que descartar problemas sensoriales que pueden cursar con similares síntomas. Pruebas psicológicas, incluyendo del coeficiente intelectual. Se continúa con una historia completa de la evolución del problema, y también en estudio de los antecedentes familiares, entorno psicosocial, nutrición.

La guía utilizada para diagnosticar TDAH es la publicada por la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP). Los criterios de diagnóstico son:

- Los niños deben tener al menos 6 síntomas de atención o 6 síntomas de hiperactividad e impulsividad, con algunos síntomas presentes antes de la edad de 7 años.
- Los síntomas deben estar presentes durante al menos 6 meses, se observados en dos o más escenarios y no ser causados por otro problema.
- Los síntomas deben ser tan graves que causen dificultades significativas en muchos escenarios, incluyendo el hogar, la escuela y las relaciones con los compañeros.

Por no hacer ardua esta entrada, los criterios específicos del DSM-IV los apuntaré en otra entrada para quien esté interesado.

TRATAMIENTO

Dado que es un trasorno muy complejo y que casi todas las áreas de la persona están afectadas, el tratameinto que se recomienda seguir es multidisciplinar. Están implicados los médicos, los profesores, trabajadores sociales, nuerólogos, pediatras, psicólogos y psiquiatras.

Se trabaja para reducir los síntomas más importantes en cada caso particular. Hasta el momento no hay un tratamiento dirigido a la curación, pero se puede disminuir la intensidad de los síntomas o incluso conseguir que la persona los maneje con destreza.

Hasta el momento los tratmeintos más efectivos son los basados en la farmacología, junto con psicoeducación, modificación conductual y terapias cognitivo conductuales. Es muy importante la educación a los familiares y profesores en todo lo referente al trastorno y las pautas a seguir ante diversas situaciones.

Se está observando que los niños y adolescentes que reciben un tratamiento oportuno, tiene menos probabilidades de tener conductas adictivas, algo que suele sercomún en los afectados por TDAH que no lo han recibido. Lo mismo ocurre con la comorbilidad con trastornos depresivos o problemas psicosociales.

miércoles, 15 de agosto de 2012

APLICACIÓN MÓVIL PARA TRATAR EL ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

El Departamento de Defensa y los Veteranos de Estados Unidos han sacado al mercado una aplicación gratuita para intentar ayudar a los militares que vuelven de misiones en el extranjero y pueden estar afectados por el estrés postraumático.


El 1 de Agosto informó el Pentágono de esta aplicación llamada "PE Coach" disponible para Apple y Android. En español sería "entrenador PE", y estas siglas corresponden a terapia de exposición.

Los psicólogos de defensa especializados en telesalud creen que puede ser de gran ayuda para los pacientes que están en tratamiento de exposición prolongada. Eso sí, no es una herramienta de autoayuda ni susituye a los profesionales de la psicología, sólo es una herramienta complementaria para mejorar el curso de la terapia y la evolución del paciente.

El trastorno de estrés postraumático es un trastorno vinculado desde siempre a sucesos psicotraumáticos, como la guerra. Está dentro de los trastornos de ansiedad y aparece cuando la persona ha sufrido, o ha sido testigo, de una agresión física o una amenaza para la vida de un mismo o de otra persona y cuando la reacción emocional implica una respuesta intensa de miedo, horror o indefensión.

La terapia prolongada, según el Pentágono, ayuda a los pacientes a procesar el trauma y reduce el estrés causado por el mismo. Entre otras acciones, se le pide al paciente que escriba sus pensamientos y recuerdos. Se ha podido observar que escribir en un cuaderno produce mayor rechazo que utilizar una herramienta electrónica, y por eso decidieron desarrollar esta aplicación.

Esperaremos a ver los resultados que se obtienen en las terapias que se combinen con las nuevas tecnologías.

martes, 14 de agosto de 2012

ANSIEDAD

La ansiedad es un estado que experimentan todas las personas. Es una respuesta a un estímulo que consideramos amenazante para la vida o nuestra integridad. Experimentamos nerviosismo, sudoración, taquicardia, aumento de la tasa respiratoria... Esto es lo que podemos denominar estrés. Este es una activación que nos permite prepararnos para enfrentarnos a la situación amenazante. Puede haber una reacción de huida, dejando atrás el peligro y alejándonos de la fuente conflictiva, o de ataque defensivo, intentando que desaparezca el origen del miedo.

Hasta aquí todas las reacciones son normales y adaptativas. Nuestro organismo está programado para hacer frente a amenazas que nos podemos encontrar en el medio.  Este bagaje viene de nuestros antepasados, cuando tenían que aprender a defenderse de otros depredadores o de peligros que encontraban en la naturaleza. Todos los signos físicos tienen la función de preparar al organismo para huir de la escena que puede causarnos daño, inyectando energía a los músculos y permitiendo que nuestros sentidos presten atención sólo a lo realmente importante para la supervivencia.

El problema surge cuando esta sensación de alarma se queda gravada en el cerebro y es capaz de activarse ante situaciones no peligrosas, haciendo que estemos en continua alerta innecesariamente y con nuestro cuerpo en tensión.

Hoy en día nuestras amenazas no son depredadores, pero esta señal de alarma nos sirve para reaccionar ante otros estímulos que pueden ponernos en peligro como un atropello, un ataque de otra persona, riesgo de quemarse con un fuego, riesgo de caídas,... Esta señal llega al cerebro y activa los mecanismos que nos ponen alerta y preparados para actuar. Es entonces cuando se manifiestan ciertos síntomas. Cuando éstos se mantienen mas tiempo del necesario deja de ser un mecanismo adaptativo para comenzar a ser un problema. Nuestro cuerpo se ve sometido a una activación mantenida y pueden aparecer problemas derivados como:

-síntomas gastrointestinales
-insomnio
-taquicardias
-escalofrío
-sensación de ahogo o sofocos
-hormigueos en manos y pies
-sudoración
-mareos o desmayos
-tensión muscular

Pero a nivel cognitivo y psicológico también encontramos consecuencias. Hay una preocupación excesiva que puede convertirse en obsesiva, preocupación, irritabilidad, enlentecimiento cognitivo, agobios, inseguridad, temor a perder el control, incertidumbre, incapacidad para tomar decisiones. Hay dificultad en las tareas de memoria, atención y concentración, empieza a desconfiar de lo que ocurre en algunos aspectos que le rodean y se centra en los pensamientos negativos. Sus pensamientos suelen estar distorsionados y se vuelven repetitivos. Se vuelven dubitativos y desconfiados, incluso sus acciones se dirigen a la prevención de la amenaza, repitiéndose incluso de manera abusiva.

Esto deriva en una serie de síntomas conductuales. La persona esa en alerta más tiempo del necesario, sufre de hipervigilancia, se bloque, tiene dificultades para actuar de manera eficiente, puede comenzar a tener olvidos o torpezas, actúa de manera rígida, cambia su lenguaje corporal, tensiona su cuerpo continuamente (por ejemplo la mandíbula), se muestra indeciso.

Esto es lo que actualmente se conoce como trastorno de ansiedad. Es verdad que todos los días nos enfrentamos a situaciones que pueden ser estresantes, pero la mayoría no las recordamos porque a nivel consciente nos llegan las nuevas o las que requieren ayuda de los mecanismos cognitivos. Quizá se nos olvide que esta mañana casi nos atropellan y que un perro nos ladró demasiado cerca, ya se encargan nuestros mecanismos ancestrales de protegernos.

El problema puede surgir cuando la interpretación de esta situación estresante es desproporcionada y nos provoca una ansiedad que no es adaptativa. Para que consideremos el trastorno de ansiedad los síntomas anteriores han de darse un tiempo no menor a 6 meses. También es necesario un cierto tiempo para que la persona que lo sufre se dé cuenta de ello. Suelen ser personas que intentan llevar el mismo ritmo de vida que llevaban o el ritmo de vida que consideran que deben llevar para conseguir los fines que se han propuesto, por esto muchas veces cuando se dan cuenta ya llevan sufriendo bastante tiempo.

lunes, 13 de agosto de 2012

DEPRESIÓN Y FIBROMIALGIA

Es muy común escuchar y leer que la fibromialgia está directamente relacionada con la depresión. ¿De qué forma lo encontramos traducido en la clínica?

En numerosos estudios publicados podemos encontrar relacionada la fibromialgia con trastornos de ansiedad en sus diferentes manifestaciones, trastornos afectivos como la depresión y trastornos del sueño. Parece ser que los síntomas de ansiedad y depresión no son secundarios al dolor, sino que serían procesos independientes. Lo que consiguen es agravar y cronificar el curso de las enfermedades con dolor crónico. Suman a la situación que ya tiene el paciente malestar, inquietud, ánimo negativo, disminución de la capacidad de enfrentamiento y poca confianza en las propias capacidades de superar la situación en la que se encuentra.

Si miramos historias médicas de pacientes diagnosticados de fibromialgia podemos encontrar  comorbilidad con la depresión en al menos el 25% de los casos. Es una cifra alta si comparamos la comorbilidad de la depresión con otras enfermedades que cursan con dolor crónico, como la artritis reumatoide, donde no es tan alta.

Se han barajado muchas explicaciones de esta asociación. Esta claro que afectan el mecanismo del estrés crónico, el dolor crónico, el retraso del diagnóstico, la poca eficacia de los tratamientos, la frustración de no conseguir una mejoría total y recuperar su ritmo de vida anterior. A ello se suman los problemas laborales y las reacciones de su entorno social y familiar, que agravan los sentimientos de culpabilidad, desesperación y soledad.

Algunos signos y síntomas clínicos que podemos observar en fibromailgia relacionados con patologías mentales son:

- dentro del área afectiva: tristeza patológica, disforia, angutia, apatía, incapacidad de disfrutar. Para ellos es complicado transmitir lo que les ocurre, tanto a familiares como a profesionales de la salud, y porque son incpaces de enfrentarse de manera eficaz.

- dentro del área cognitiva: enlentecimiento del pensamiento, aparición de pensamientos negativos, rumiaciones, hipocondria, baja autoestima e ideas de desesperanza en su amplio espectro, inclso ideas suicidas.

- dentro de los síntomas somáticos aparece una fatiga generalizada, sobre todo a primeras horas del día, astenia, dolor en diferentes partes del cuerpo, cefaleas, trastornos digestivos, disminución en a líbido,...

- alteraciones en el ritmo circadiano, en el patrón de sueño y en los ciclos estacionales.

- dentro de los síntomas conductuales: llanto inmotivado, disminucion del rendimiento en diferentes áreas, tendencia al aislamiento.

Pero, estos síntomas ¿son causa o consecuencia de la fibromialgia? La verdad es que después de leer diversos estudios se puede concluir que la relación existe, pero no podemos asegurar en qué dirección funciona. Goldenberg et al. la describen como consecuencia e la depresión en un estudio realizado en 1986. En este caso los pacientes ya sufrían depresión en la mayoría de los casos a la fibromialgia, incluso familiares de primer grado sufrían síntomas depresivos.

Otros dicen que el estado de ánimo deprimido es consecuencia del síndrome fibromialgico, ya que es una respuesta a la frustración que siente el paciente por su incapcidad de realizar tareas con normalidad, las rumiaciones, la preocupación por actividades que causan más fatiga  dolor.

También se ha encontrado en muchos pacientes síntomas depresivos en el periodo desde que aparecen los primeros signos hasta que se resuelve el diagnóstico. Este desconocimiento, la preocupación por el origen de lo que ocurre, los cambios sufridos, la incomprensión de los que rodean a la persona, la incapacidad de dar a éstos una explicación a porque no puede realizar actividades cotidianas con normalidad, llevará a que los pensamientos negativos agraven notablemente el ciclo de dolor-ansiedad-tensión-dolor. Estos pacientes responden muy bien a terapias de reducción de ansiedad, lo que mejora el ánimo y reduce la intensidad del dolor.

Si hablamos con un grupo de pacientes que sufren de fibromialgia podemos observar que lo que más ansiedad les provoca son las actividades referentes a las relaciones interpersonales. Pensar en que van a estar en un ambiente que no les es conocido, con personas que no le conocen y pueden ser evaluados en algún aspecto. Saben que no son capaces de responder como otros a determinadas demandas por la fatiga y el dolor, por lo que asumir responsabilidades les agobia. Todo esto termina produciendo una bajada de autoestima que les invalida a veces más que el propio síndrome. Esta es la razón de su tendencia al aislamiento y de que se agrave la ansiedad y la depresión, a que disminuyen las oportunidades de refuerzos positivos y de contacto con otras personas.

Encontramos asociada muchas veces la fibromialgia con trastorno de la ansiedad generalizada. Se caracteriza por una preocupación excesiva,difícil de controlar, por sucesos o actividades la mayor parte del tiempo, con una duración de al menos 6 meses. Síntomas que podemos encontrar son: inquietud o impaciencia, fatiga, dificultad de concentración, irritabilidad,tensión muscular y alteraciones del patrón del sueño. 

Como podemos ver en lo expuesto hasta ahora,la depresión y la ansiedad se encuentran asociadas a la fibromialgia en un gran número de casos. Estas patologías psicológicas hacen que el síndrome se cronifique y que empeore la evolución de la enfermedad. Estudios han podido demostrar que las terapias dirigidas al control de la ansiedad y el uso de antidepresivos en algunos casos mejora los síntomas tanto ansiosos como la intensidad del dolor.