Hay pacientes que llegan a consulta y nos exponen una serie de síntomas físicos para los que los médicos no han encontrado causa justificada. Según ellos su estado de ánimo no es negativo, sonríen sin dificultad y dicen que todo va bien.
Hablan de los síntomas físicos, describiendo su falta de apetito, problemas de sueño, disminución de la libido, taquicardias, cansancio. Han visitado varios médicos y parece no haber causa justificada para sus molestias.
Sólo hay que hacer las preguntas clave para que el propio paciente deje al descubierto lo que se encuentra al otro lado del ovillo: una depresión. Ésta no se expresa con los síntomas que todos asociamos, como tristeza, desesperanza, desgana. En cambio encontramos a una persona que no siente tristeza, es más, parece que puede tener incapacidad para sentirla.
Tenemos delante una persona que dice no sentirse triste, pero seguramente nosotros sí podamos identificar a través de la entrevista, la expresión corporal y facial, la prosodia que utiliza, los eventos que nos cuente, que la tristeza forma parte de su vida. Si se les realizan preguntas directas sobre el sentido que ven a su vida es probable que nos sean sinceros y nos confiesen que lo ven claro, que no creen que sean imprescindibles en algunos de los ámbitos vitales en los que se envuelven (quizá crean que su familia podría estar mejor sin él, o que no pasaría nada en este caso).
A este trastorno se le llama depresión no disfórica. Es un problema que se encuentra sobre todo en adultos mayores, sobretodo a partir de los 50. Al rededor de un 5% de los mayores de esa edad puede padecerla. Afecta por igual a hombres y a mujeres, y se ha encontrado algún caso en personas jóvenes.
El Dr. Sergio Paradiso es un sicialiano que trabaja desde hace años en la Universidad de Iowa (EEUU) como profesor asociado de psiquiatría y Neurociencias y ha estudiado este trastorno. Dice que "no existe en ellos conciencia de las emociones o de lo que significan, pero demuestran, entre otros, sentimientos de culpa o pensamientos de falta de esperanza en el futuro".
Esta disminución de la capacidad de entendimiento y expresión de los propios sentimientos, parece que está ligada parcialmente con la capacidad cognitiva, especialmente con la capacidad analítica, e influyen condicionantes culturales y estilos de crianza. Parece que el desempeño escolar es un buen predictor, al igual que lo es de la inteligencia general, incluso de la emocional. Personas afectadas han podido tener poco éxito en el área académica.
Parece que son necesarios genes que predisponen a la depresión o sucesos traumáticos para sufrir la depresión no distímica. Esto nos deja un punto en común con los trastornos depresivos y afectivos, pero con una expresión diferente. "Esta conciencia anímica inferior puede estar influida por estilos de crianza: en algunas familias se recompensa el ser estoico, no hablar nunca de la propia emoción y no se desarrolla una capacidad verbal de transmisión de sentimientos. Este aspecto no se puede excluir", propone Paradiso.
Tener alguna lesión en el hemisferio cerebral derecho es un factor de riesgo que apuntan en la investigación. Puede ocurrir también cuando está afectada la corteza cingulada anterior, importante para la conciencia emocional. Señalan que estos fenómenos se pueden encontrar también en cerebros de personas con Parkinson o demencia frontotemporal.
Hay que señalar que este trastorno no tiene nada que ver con la distimia, de la que hablamos en la entrad anterior. La distimia es una forma de depresión, con síntomas depresivos más leves y de larga duración. Pero la persona es consciente de la tristeza que está sintiendo.
Paradiso concluye que: "el depresivo sin tristeza no siente pena ni siente ansiedad. Ha transferido todo su malestar al cuerpo y no puede expresar ninguna emoción vinculada a lo anímico. Si un médico recibe a un paciente que se queja de síntomas físicos pero cuyo organismo funciona bien, es un caso para estudiar un poco más. En clínica geriátrica especialmente es necesario profundizar para descartar o no la presencia de un cuadro que, de no tratarse, puede extenderse en el tiempo por falta de tratamiento o aumentar el riesgo suicida, presente en todo cuadro depresivo".
No proponen un tratamiento específico. Lo importante es buscar ayuda cuando el cuadro presente pueda cuadrar con lo expuesto. La depresión se puede tratar desde muchos modelos, pero lo esencial es conseguir conectar con lo que uno es y tener un diálogo sincero con nuestras emociones.
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