Un por ciento grande de los interesados en el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad son padres de afectados. Esto es por su preocupación en ofrecer los mejores cuidados y educación a sus hijos y en el afán por entenderlos.
Una época complicada es la adolescencia. Ya lo es cuando éstos no sufren ningún trastorno, pero se incrementa la preocupación cuando se les considera vulnerables en algún aspecto. El impacto del TDHA en la familia es importante y, normlmente, no se está preparado para enfrentarse a él, pero se puede aprender.
Es mucho más común encontrar afectados de déficit de atención únicamente que los que también tienen hiperactividad. Pasan más desapercibidos e incluso se ha llegado a pensar que en algunos casos desaparece esta característica.
La adolescencia es un periodo convulso en la forma en que a esta edad viven los cambios y las situaciones que se les presentan. Muchos se adaptan a las variaciones que se producen en el desarrollo y socialmente de manera óptima. Los cambios a los que nos referimos y que deben producirse en la adolescencia son (Conger, 1977):
- la independencia de los padres,
- formar su propia identidad,
- conseguir tener relaciones personales positivas con personas de ambos sexos,
- entender y aceptar su sexualidad,
- elegir qué hacer con su vida a nivel profesional.
Los afectados por TDAH deben hacer frente a los problemas comunes al resto de la población de su edad, pero teniendo en cuenta ciertas características especiales. La manera de solucionar los problemas que les acontecen dependerá del grado de de TDAH, el apoyo familiar y su rol en este ambiente, y de la influencia de otros trastornos comórbidos relacionados con ansiedad, problemas de aprendizaje o de conducta.
Un pequeño por ciento de adolescentes afectados de TDHA llevarán a cabo conductas de riesgo o antisociales, abusando de drogas o alcohol y siendo conflictivos. Hay más posibilidades de que éstos no estén bajo un buen tratamiento del trastorno, ya que muchos estudios indican que el comienzo temprano de un tratamiento adecuado disminuye la posibilidad de que lleven a cabo estas conductas. La explicación a esto es que son personas más impulsivas, que no se paran a pensar las consecuencias de lo que hacen, con lo que es más posible que acepten probar algunas cosas nuevas sin sopesar la parte negativa. Lo mismo que con estas sustancias puede ocurrir en problemas de pareja o con amigos.
Aceptar que tienen un trastorno y necesitan condiciones especiales, por ejemplo en el ambiente escolar, es una de las primeras dificultades que se presentan. Ya en la adolescencia se busca la identidad personal pero, además, formar parte de un grupo y ser aceptado por ellos. Ver que necesitas clases de apoyo, otro ritmo de aprendizaje o incluso fármacos, puede que le haga sentir diferente al grupo al que quiere pertenecer. Conforme se hacen más mayores consiguen aceptar el TDHA e incluso ponen mucho de su parte para superar los obstáculos que encuentran y vivir con normalidad.
Los padres se enfrentan a su educación. Ven que sus hijos no responden a recompensas y castigos como el resto de niños, ni aprenden se sus errores al mismo ritmo. A eso se suma la impulsividad y la conducta desafiante que es característica de estos adolescentes. Hay que aceptar al adolescente tal y como es, con sus conductas y su manera de adaptarse a la vida. Les cuesta seguir órdenes, prestar atención, ser ordenados, pero a la vez son personas creativas, con energía, saben ganarse a la gente,... Es probable que, cuando se enfrenten a una crisis un problema inesperado, actúen con excesiva ansiedad, desde su parte más irreflexiva, y esto es difícil de manejar.
Les podemos ayudar con técnicas que centren su atención, haciendo que se acostumbren a usar agendas, notas, recordatorios. Que sepan organizarse bien el tiempo, dediquen algo de tiempo a organizar las tareas y priorizarlas. De esta manera ante algunas acciones rutinarias no deben pensar qué hacer, si no que ya tienen aprendido lo correcto y las consecuencias.
Tener un control de lo que hacen, dónde están y como se desenvuelven es importante, pero hay que aceptar que se van haciendo mayores y necesitan su independencia. Aprender a desenvolverse solos y no depender de ser supervisados continuamente es importante para que maduren. Aunque esta evolución será diferente en cada uno de ellos, según el grado de TDHA que sufran y las herramientas que hayan aprendido.
Se recomienda seguir usando refuerzos positivos y negativos frente a las conductas inadecuadas. Cuando hablamos de refuerzos negativos no queremos decir castigos. Los refuerzos negativos podrían ser retirar privilegios o no dar premios cuando hacen algo inadecuado. Las consecuencias deben ser razonables y los refuerzos positivos utilizados habitualmente. Que la retroalimentación sea inmediata hace que sea más efectiva. Dado su déficit de atención es más fácil que sigan haciendo la tarea reforzada positivamente, o dejar de hacerla si es reforzada de manera negativa, si este refuerzo se produce mientras tiene la atención centrada que cuando ya ha pasado esa actividad.
Esta retroalimentación ha de ser frecuente. Dado que por el trastorno que sufren hay muchos factores que pueden minar su autoestima, el que le digan con frecuencia lo positivo que poseen y lo que realizan con éxito es muy beneficioso. También que le corrijan y le guíen hacia lo correcto, las veces que haga falta y son perder la paciencia, es algo que les hace bien.
La relación padres-hijo suele ser complicada. Hay que intentar compartir con ellos experiencias, juegos, ocio. De esta manera ampliamos la relación, sumando diversión a la parte más difícil de las obligaciones en casa y el colegio. Poco a poco hay que aprender a hacerles responsables en aspectos que le competen directamente, como la medicación o las estrategias que le ayudan a superar el THDA. Como todo adolescente se enfrenta a la dura tarea de darse cuenta de sus límites y sus puntos débiles, además de aceptar estos y seguir adelante adaptados a ellos. Debemos saber acompañarles en el proceso pero dejándoles tomar las riendas de su vida y la opción de equivocarse y responsabilizarse, estando siempre a su lado en los momentos de dificultad. Si ellos se implican en decisiones que les competen es probable que cumplan mejor con su parte, ya que saben que ellos han tenido peso importante en la especificación de las condiciones.
No olvidemos que los límites son importantes. Hay normas que han de cumplir y que no se negocian. Lo importante es que le dejemos claro en que consisten y que esperamos de él. Aún es pequeño para algunas cosas, por lo que estar pendiente de lo que le ocurre es importante, como con cualquier adolescente. Conforme vayan madurando y responsabilizándose se debe confiar en ellos y premiarles con más libertad. Una manera de conseguirlo es hablando con ellos y negociando las condiciones, consiguiendo que su implicación sea palpable y que tengan su parte de responsabilidad. Se pueden aclarar puntos como derechos y deberes, consecuencias, privilegios, hacer una especie de contrato con ellos.
Los padres de adolescentes que sufren TDHA tienen una sensibilidad especial con ellos. Saben que la intención inicial es buena, no quieren llegar tarde, ni olvidar las llaves, ni despistarse, ni suspender, ni ser desordenados. Es por ello que castigos y recriminaciones no ayudan a que mejoren. Despersonalizar el problema así como tratar los conflictos con tranquilidad, pasado un rato si es necesario, ayuda a que el adolescente asimile mejor la información que le queremos transmitir. Y los padres así consiguen no decir cosas de las que se arrepentirse, ni culpabilizar o recriminar.
La expresión de sentimientos es otro punto débil. Suelen no mostrar las emociones negativas, principalmente porque no entienden lo que les pasa y no saben enfrentarse a ellos fácilmente. Es importante que los padres les estimulen para que se acostumbren a expresarlos, tratar los problemas que les inquietan y las contradicciones que encuentren. Si se consigue el equilibrio entre el apoyo y el respeto a la intimidad y decisiones de los hijos se puede conseguir una relación positiva. Cuanto más cómodos se encuentren hablando con los padres, más veces buscarán consejo en casa.

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