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viernes, 24 de agosto de 2012

TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN EN ADULTOS

El Trastorno por Déficit de Atención (TDHA) se ha considerado durante mucho tiempo exclusivo de la edad infantil, pero ya se ha demostrado que puede estar presente entre un 3 y 4 % de la población mundial. Los síntomas comienzan antes de los 7 años, es por esto que se suele diagnosticar en la infancia o adolescencia y se hable casi siempre de los que sufren esta enfermedad en ese periodo. De los niños que han sido diagnosticados de TDHA en la infancia entre un 30 y un 60 % seguirá teniendo síntomas en la etapa adulta.

Dicen que el TDHA puede ser el trastorno psiquiátrico no diagnosticado más común en adultos. Como hemos comentado antes, se pensaba que era un trastorno sólo presente en niños, hasta final de la década de los 70 no empieza a pensarse en estudiarlo en adultos. En personas adultas también lo encontramos normalmente acompañado de otros problemas psiquiátricos que pueden derivar del TDHA o sumarse a la sintomatología, esto a veces hace que el diagnóstico sea más difícil o equivocado. También la vida es más complicada conforme pasan los años, lo que hace que los diferentes factores sesguen las opiniones de las personas que les rodean, que no dejan de ser informadores de las pautas conductuales del paciente, en niños estos factores son más simples, ya que sus ambientes se suelen limitar al ámbito familiar y escolar.

SÍNTOMAS

Los síntomas que existen en TDHA por definición son la falta de atención, impulsividad e hiperactividad. Pero en adultos no tienen porque manifestarse como en los niños.

En adultos nos encontramos a personas despistadas, les cuesta recordar lo que acaban de leer o escuchar, son desorganizados, impulsivos. Les cuesta mantener la atención en la misma cosa durante mucho tiempo y terminar las tareas que se proponen. Cambian de carrera o trabajo, y normalmente el rendimiento en estos ámbitos es bajo. Tampoco se suelen orgnizar bien en las tareas cotidianas, incuso a la hora de plantearse el futuro de facturas y otros pagos. Les cuesta solucionar problemas.

Suelen ser impuntuales, trasnochadores, toman sustancias excitantes como café, tabaco,... No piensan lo que dicen, toman decisiones impulsivamente y sin sopesar las consecuencias. Todo esto les lleva a tener problemas en las relaciones interpersonales, tanto personales como laborales. Que no tengan buen rendimiento o éxito no quiere decir que su potencial intelectual sea muy limitado, pueden ser extremadamente inteligentes aunque en el colegio escucharan mucho "que no ponían de su parte". Se ha visto que algunos terminan destacando en la etapa universitaria,siendo que sus capacidades cognitivas se hayan desarrollado más tarde. Hay quien dice, como el doctor Montañés (psiquiatra infantil) que "el TDA es en el fondo un retraso en la maduración de las capacidades cognitivas". No hay que olvidar que también hay afectados por TDHA cuyo coeficiente intelectual es muy bajo realmente.

Una diferencia con el TDHA en niños es que a nivel psicomotriz la hiperactividad que muestran no es tan incapacitante. Es decir, en la edad infantil vemos como les cuesta dejar de moverse, correr, saltar, lo que hace difícil su trato en la escuela u otros ámbitos. En adultos lo normal es que e limiten a mostrar inquietud, hablar sin parar, mover ciertas partes del cuerpo de manera nerviosa, como manos o pies.

Podemos encontrar comorbilidades con otros trastornos psiquiátricos. Las más comunes son con trastornos del humor, como distimia, depresión o trastorno bipolar. También con trastornos de ansiedad y abuso de sustancias como la nicotina, la cafeína o el alcohol.


Normalmente entre ellos encontramos muchas personas creativas y divertidas, sólo hay que realizar un buen diagnóstico para conseguir que mejoren los síntomas de su trastorno y puedan llevar una vida lo más plena posible.


TRATAMIENTO

Lo más importante en la intervención con TDHA es conseguir un diagnóstico temprano, cuanto antes sepamos la existencia del trastorno y antes se comience con el tratamiento, más eficaz será éste.

El tratamiento farmacológico con estimulantes se considera una parte fundamental del tratamiento, al igual que en los niños. Suelen mejorar los síntomas principales: hiperactividad, impulsividad y concentración.

Pero para que lo hagamos realmente bien y encontremos una evolución positiva, es importante que sea  combinado con terapia psicológica. En ella se desarrollan técnicas de autocontrol, relajación, habilidades sociales, técnicas de solución de problemas. Es una terapia dirigida a disminuir la sintomatología, ya que hasta el momento no es posible solucionar el problema de raíz.


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