Al hablar de una adicción hablamos de pérdida de control y dependencia. Tenemos la capacidad de obtener placer al realizar determinadas acciones. Inmediatamente en nuestro sistema nervioso se desencadenan una serie de mecanismos que activan el llamado "circuito del placer" y obtenemos reforzadores que consiguen que repitamos la acción que nos agrada.
Pero, ¿cuál es la diferencia entre las personas que disfrutan con algo y las que son adictas a eso mismo? Pues es sencillo, una persona a la que le gusta realizar una determinada actividad y disfruta al realizarla sería incluida en el primer grupo. La persona adicta realizaría la actividad para conseguir disminuir el malestar que le produce no realizarla, es decir, el síndrome de abstinencia que aparece.
Vemos que la adicción tiene su origen básico en el cerebro. Suele convertirse en un problema crónico, de larga duración, con complicaciones progresivas, tanto a nivel del individuo como en todo su ámbito vida, tanto laboral como social y familiar. Los síntomas psicológicos que podemos encontrar son:
- Pérdida de control. Se produce cuando se realiza la acción que nos produce placer de manera compulsiva, llegando la persona a invertir tiempo y energía desmedidos en ella. Cada vez se limitan más las actividades y as interacciones con otros en pos de la adicción.
- Uso a pesar del daño. Se sigue practicando la conducta adictiva, sin importar los efectos negativos en la persona o en los que le rodean. Todas las áreas de la persona se ven involucradas, ya que esta adicción pasa a ser el centro de todo lo que envuelve al afectado.
- Negación. El adicto se autoengaña no queriendo ver las consecuencias negativas. Es una forma de conseguir seguir haciendo lo que le pide su adicción y no incrementar la ansiedad con sentimientos de culpabilidad añadidos. Se perpetua el ciclo de recompensa que mantiene la adicción.
- Memoria selectiva. Gracias a este proceso la persona recupera de manera automática los recuerdos asociados con la adicción en el pasado. Suelen recuperarse las experiencias positivas, haciendo caso omiso a las consecuencias negativas asociadas. Suele tener gran peso en los momentos de crisis en la recuperación, en las recaídas y en el síndrome de abstinencia.
- Otras distorsiones del pensamiento. El pensamiento del adicto tiene una serie de características que se suman a la negación y el autoengaño con el fin de continuar las conductas adictivas. Al igual que aparecen conductas de búsqueda que intentan crear el clima apropiado para recaer. Estas conductas son aprendidas y acercan al adicto a la sustancia o a la conducta adictiva. Su pensamiento distorsionado no le deja ver que él mismo está facilitando el acceso a estas sustancias o conductas, pero desde fuera se ve claramente. De la misma manera, el estar cerca de determinados lugares, personas o situaciones concretas, es lo que evoca los recuerdos selectivos que nombrábamos antes, aumentando el deseo y la ansiedad de llevar a cabo esa acción. Esto ocurre incluso cuando la persona se ha conseguido rehabilitar, pero muchos de ellos consiguen dominar los pensamientos distorsionados y buscar herramientas para no recaer.
También encontramos personas obsesionadas o preocupadas en exceso con todas estas situaciones, invirtiendo gran cantidad de tiempo y energía en darle vueltas a estos pensamientos. Esto también hace que la vida de estas personas se limite mucho, ya que no tienen tiempo ni capacidad para más.
- Derivado de todo esto llegan a un estado de paralización emocional, en el que no son capaces de identificar sus sentimientos. No saben qué les ocurre y, en consecuencia, no saben manejar estos sentimientos. Pueden sentirse hasta culpables por experimentar determinadas emociones, a las que muchas veces no les saben poner nombre, intentando de cualquier manera hacer que desaparezca y disminuir la ansiedad que les produce su aparición.
Este es un perfíl somero de lo que ocurre en las adicciones. Los síntomas señalados pueden darse conjuntamente o en diferentes fases del proceso adictivo. teniendo en cuenta que puede variar la intensidad y pasar por varios momentos.
A lo largo de esta exposición he hablado tanto de sustancias adictivas como de conductas adictivas. Esto es porque el adicto puede serlo a todo lo que nos produce placer. Hasta hace poco se hablaba únicamente de la adicción a drogas, esto es, a determindas sustancias psicotrópas o que afectaban al sistema nervioso (alcohol, nicotina, cannabis). Pero hoy en día se tratan adicciones diferentes como a:
- juegos de azar,
-comida,
-sexo,
-videojuegos,
-internet,
-trabajo,
-dependencia emocional.
La base de todos estos problemas sería la misma, lo que cambia es a qué estamos enganchados y las situaciones particulares de cada individuo. Pero la naturaleza de estos procesos parece que está basada en los mismos mecanismos neurológicos.
Diversas investigaciones ponene de manifiesto que personas con conductas adictivas, ya sea a la comida o a otras sustancias, comparten actividad neuronal en las regiones del cerebro asociadas con el circuito de recompensa implicado en la adicción. Estas conductas consiguen que se libere dopamina en regiones mesolímbicas del cerebro, relacionándose el grado de liberación con la recompensa subjetiva experimentada.
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