La fibromialgia puede ser tratada desde diferentes corrientes psicológicas. El enfoque cognitivo-conductual, que es el más utilizado en el paciente fibromiálgico hasta el momento. Ha demostrado que ciertas técnicas psicológicas ayudan a manejar los síntomas presentes. Los objetivos con este tratamiento son: el alivio de dolor, reducción de las consecuencias derivadas del mismo evitando la limitación de la actividad de la vida diaria, y disminución de las conductas de dolor.
Entre otras encontramos las siguientes técnicas:
- Psicoeducación. Se intenta que el paciente tenga una implicación activa ante su enfermedad. Se le entrena para que identifique las situaciones de estrés, ansiedad o malestar y sea capaz de ver como correlacionan con la aparición o el cambio de intensidad del dolor y la fatiga. De la misma manera se le instruye para que sea consciente de como la inactividad y los pensamientos obsesivos relacionados con la enfermedad contribuyen a la percepción del dolor. Es una forma indirecta de actuar sobre estos síntomas. Animándoles a tener una vida activa se potencia los mecanismos naturales de regulación del dolor.
Un objetivo importante es que el paciente sea consciente de la enfermedad que tiene y de las herramientas que posee para enfrentarse a los problemas que se le van presentando. De esta manera se enfrenta a la enfermedad de una manera activa, no dejando que el dolor dirija condicione su vida. Cuando el paciente puede comprobar que con poco que haga gana mucho se convence de que esta enfermedad puede ser menos invalidante de lo que creía.
- Reducción del estrés y la ansiedad. Se le entrena a detectar cuándo el estrés y la ansiedad aumentan, dándole herramientas para reducirlas. Entre ellas están las técnicas de relajación con las que se reduce la tensión muscular y la frecuencia cardíaca, mejorando la calidad de vida y los trastornos del sueño asociados. Con el tiempo la persona entrenada percibe cuando la tensión aumenta y es capaz de observar sus propias sensaciones corporales, pudiendo responder ante ellas.
La respiración controlada entra dentro de las técnicas de reducción de estrés, consiguiendo minimizar la percepción de dolor y reducir la ansiedad. Aumenta la percepción de autocontrol.
Lo anterior debe completarse con una programación de actividades, de manera que evitemos el sendentarismo al que tienden por el dolor y la fatiga, mejorando la calidad de vida del paciente y consiguiendo que aumenten las experiencias positivas y las actividades a las que la persona da valor, siendo una inyección de positivismo.
- Cambio de las creencias, pensamientos. El discurso que tenemos en nuestro autodiálogo tiene mucho peso en cómo nos enfrentamos a los problemas que se nos presentan. Frases como "ya no puedo más", "esto es demasiado duro", "no puedo hacer nada por solucionarlo", son mensajes negativos que nos dirigimos a nosotros mismos, de los que se deriva una creencia de que será imposible dominar el dolor o salir de una situación tan dura. En cambio, si conseguimos ser conscientes del control que tenemos sobre determinados aspectos y nos valoramos como capaces, la actitud ante la situación será más positiva y posiblemente la capacidad de superación aumente.
Se entrena en control atencional, haciendo que el paciente desvíe la atención del dolor. Con ello se disminuye el circulo de pensamientos en el que hay obsesión por el dolor y fijación en él. La parada del pensamiento es otra técnica cognitiva que consigue romper la hipervigilancia del dolor, la ansiedad anticipatoria y maneja el mantenimiento de pensamientos negativos. La segunda parte de esta técnica es la incorporación de automensajes positivos en el autodiálogo de la persona.
- Prevención de recaídas. Aunque consigamos los objetivos propuestos, es posible que en un determinado momento la situación nos supere y creamos que hemos retrocedido en el proceso. Lo normal en el proceso es que esto ocurra y el paciente debe saberlo. Se dota a la persona de herramientas para enfrentarse a momentos duros, evaluando la situación y poniendo en marcha los recursos de que dispone.
Puede aplicarse de manera individual o grupal. Generalmente se lleva a cabo en formato grupal, a o largo de una media de 8-10sesiones. Se realiza un programa de psicoeducación y una programación de actividades. La terapia individual puede estar indicada para completar el tratamiento en pacientes con problemas asociados como depresión o ansiedad.
Se ha demostrado la utilidad de la terapia cognitivo-conductual en el tratamiento de la fibromialgia, aumentando el autocontrol y la autoconfianza en sus propios recursos para hacer frente a los síntomas de la enfermedad.
Pero en la actualidad vemos que este tipo de tratamiento tiene sus limitaciones. Es por ello que se están intentando ciertas combinaciones de técnicas, como por ejemplo la hipnosis. Este mismo año, la revista Journal of pain ha publicado un trabajo de varios miembros de la Clínica del Dolor del Hospital Universitari Joan XXIII de Tarragona en el que revelan la eficacia de la hipnosis en el tratamiento de la fibromialgia. Se realizó un estudio en el que se comparó un tratamiento cognitivo-conductual frente al mismo tratamiento pero completado con sesiones de hipnosis.
Los pacientes fueron asignados de manera aleatoria a una de las condiciones experimentales:
- terapia cognitiva conductual multicomponente;
- terapia cognitivo conductual más hipnosis (14 sesiones semanales de 120 minutos de duración) y
- grupo de control (tratamiento farmacológico estándar).
Las variables atendidas fueron: intensidad del dolor percibida, catastrofismo (ideas negativas sobre el dolor), malestar psicológico, funcionalidad y alteraciones del sueño. Se realizaron medidas antes del tratamiento, inmediatamente después y en un seguimiento a los 3 y 6 meses.
Los resultados indican que:
- los pacientes con fibromialgia que recibieron terapia cognitivo-conductual multicomponente o terapia cognitivo-conductual multicomponente más hipnosis mostraron una mayor mejoría que los pacientes del grupo de control,
- añadir la hipnosis mejora la efectividad de la terapia cognitivo-conductual multicomponente. Anadir la hipnosis no aumenta la duración del tratamiento.
Podemos concluir que la terapia cognitivo-conductual es más eficaz cuando se emplea junto con sesiones de hipnoterapia, potenciándola. La hipnosis aporta una mejoría de todos los síntomas asociados a la parte emocional del síndrome como la intensidad del dolor, las alteraciones del sueño, descenso de los niveles de angustia y catastrofismo.
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