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jueves, 31 de mayo de 2012

AUTISMO

Desde el principio el autismo se ha asociado a un mundo lejano, extraño y lleno de enigmas. A pesar de los numerosos estudios que se han llevado a cabo a lo largo de más de medio siglo, desde que Kanner lo definiera en 1943, sigue siendo complicado conocer su origen y parte de su naturaleza. Cuando nos relacionamos con una persona autista encontramos vivencias de opacidad, impredictibiidad, impotencia y fascinación. Es difícil describirlo. En diferentes entradas, intentaremos ir entendiendo las características del autismo.

Tenemos la sensación de carecer de recursos para poder traspasar las barreras de esta enfermedad. Encontramos una falta de correspondencia entre la conducta del niño y las situaciones del mundo en el que está, sin que parezca que esté. 

La definición de Kanner sigue vigente en la actualidad, con los tres grandes núcleos que describió:
  • trastorno cualitativo de la relación,
  • alteraciones de la comunicación y el lenguaje,
  • falta de flexibilidad comportamental y mental.
Estas tres dimensiones se incluyen en las definiciones diagnósticas más utilizadas como el DSM-IV (Asociación Americana de Psiquiatría) y el CIE-10 (Organización Mundial de la Salud). Hay que señalar que dentro del espectro autista tenemos el trastorno autista y también otros como Asperger, Rett y demás Trastornos Profundos del Desarrollo (TPD). 

Hay que aclarar que es un síndrome, es decir, esta definido por un conjunto de signos y síntomas. No es una enfermedad. 

Una persona autista no mira a los ojos. No señala con el dedo. Tiene problemas de lenguaje, que pude ser casi nulo. Incluso puede dejar de hablar cuando ya lo hacía antes. Parece sordo, no se inmuta con los sonidos, pero puede alterarse gravemente con algunos sonidos, luces. Si habla puede repetir siempre lo mismo o lo que oye (ecolalia)  No juega con otros niños y los juguetes os utiliza de manera inapropiada. Evita el contacto físico, no les gusta que les toquen. No responde a su nombre y no obedece ni sigue instrucciones. Muestra total desinterés por su entorno. Siente obsesión por objetos, aunque no haga caso a las personas que le rodean. Evita el contacto visual. Se puede quedar mirando un punto mucho tiempo. Puede pasar de la risa sin razón aparente a una rabieta de manera brusca. Si se emociona o altera por algo hace movimientos rítmicos y aletea las manos. Repite patrones constantemente. Puede tener episodios agresivos contra otros y contra uno mismo. Resistencia al cambio, si se cambia algo de su entorno se altera gravemente. Pueden cortarse, quemarse... y no demostrar dolor de acuerdo con la magnitud del suceso. Comen los mismos alimentos siempre. Buena memoria mecánica (por ejemplo para armar rompecabezas).



Según estadísticas de EEUU podemos decir que 4,5 de cada 10.000 niños nacidos vivos tienen síndrome autista. Estudios europeos encuentran una prevalencia de 1 por cada 150 escolares. Puede haber discrepancias por los diferentes criterios diagnósticos, factores genéticos y/o influencias ambientales.

Es tres veces más probable en hombres que en mujeres. No existen diferencias entre clases sociales.

Dicen que tiene un origen multicausal, lo que podemos traducir en que no hay una causa conocida del autismo. Al principio, en pleno auge psicoanalítico pensaban que era un tipo de esquizofrenia y buscaban su origen en la influencia de padres poco comunicativos, distantes e incapaces de transmitir el cariño que precisaban sus hijos. Actualmente hay un consenso en que la base es biológica. Se producen anomalías en el Sistema Nervioso Central por herencia o por factores ambientales. En los gemelos monocigóticos (gemelos con idéntico material genético) hay coincidencia del 70%, mientras que en los dicigóticos ( no comparten material genético) es del 50%, la misma que en hermanos no gemelares. Entre el 5 y el 10% de los casos presentan duplicaciones del cromosoma 15, esclerosis tuberosa, fragilidad X, fenilcetinuria o neurofibromatosis. Se piensa que un 25 % de los casos de autismo tienen origen genético puro.

También puede haber un origen por virus. Aumenta el riesgo si la madre ha estado expuesta al virus de la rubeola durante el primer trimestre de gestación. El citomegalovirus y el herpes también se han asociado. Se especula con algunas vacunas y con condiciones ambientales tales como toxinas o contaminación. Los factores tóxicos ambientales está teniendo gran peso en los últimos estudios norteamericanos.

Es un trastorno del desarrollo que persiste toda la vida. Pocos llegan a tener un nivel de autonomía suficiente para vivir con cierto de independencia. La mayoría precisan ayuda toda la vida. De todas formas sólo los más afectados viven en instituciones. El resto se dividen en casos que viven con sus padres, otros en régimen semi-asistenical, algunos internos y pocos independientemente. 

Dando una última pincelada de optimismo me gustaría señalar que algunos adultos afectados por este síndrome se han graduado en la universidad, desarrollando relaciones normales con otros adultos, incluso han encontrado pareja. Muchos trabajan, siendo muy concienzudos, aunque la mayoría encuentra trabas en el mercado laboral.


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