El apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres (o cuidadores) y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. En los padres es este vínculo el que hace que deseen proteger a su niño, alimentarlo, cuidarlos en el sentido más amplio de la palabra. En definitiva, colmarlo de cariño.
El vínculo entre los padres y sus hijos se produce en
la mayoría de las especies animales:
Konrad Lorenz (1935), observador de
animales, demostró que existía una conexión innata entre las
aves recién nacidas y una figura materna. En su estudio con patos y gansos
descubrió que estas aves se vinculaban con el primer ser vivo que veían al
salir del cascarón y a partir de entonces lo consideraban su madre. A esto se
le denomina impronta y sucede en especies en las que nacen muchas crías y estas
deben apegarse inmediatamente a una figura adulta que les surta de alimento y
protección. Esta impronta se puede establecer durante un periodo determinado, después
del que el recién nacido no podrá tener apego con ninguna figura.
En el caso de los mamíferos también
existe un periodo crítico en el que se puede activar el
vínculo. En los primeros minutos tras el parto, la madre debe tener contacto
con el recién nacido a fin de que fijen su olor y aspecto. Si no es así,
rechazaran a la cría.
En los humanos este vínculo se ha establecido sin
problemas durante toda su historia, ya que el parto y nacimiento se veía como
algo normal y natural. En el momento en que el parto empezó a verse
más bien como un acto médico y las mujeres empezaron a acudir a los hospitales
a dar a luz, empezaron a surgir dificultades en el establecimiento de este
vínculo. Podemos recordar como, a principios de siglo XX, los bebés se
separaban de sus madres al nacer y eran devueltos como mínimo 12 horas después
del parto. Actualmente estas pautas han sufrido un gran cambio.
Cuando un bebé nace comienza la
interacción con su madre. Sabemos que los bebés reconocen a sus madres
desde el mismo momento del nacimiento gracias al olfato y que prefieren
escuchar su voz a cualquier otro sonido. Su frecuencia cardiaca se estabiliza y
la respiración se hace regular si está en contacto con su piel. Además el bebé está mucho más caliente entre
los pechos de su madre que en cualquier otro lugar. Esta proximidad física crea los
lazos de unión determinantes para la díada madre-hijo. Por ello estas primeras
dos horas de vida son cruciales y sería conveniente no separar a madre e hijo
tras el parto (salvo indicación médica justificada).
Respecto a las madres, juegan un papel importante las hormonas. Una de ellas es la oxitocina,
su función es estimulante y la pueden provocar la succión del pecho, la excitación
de los genitales y la distensión del cuello uterino en el parto. Esta hormona
despierta conductas maternales y amorosas, necesidad de tocar, ternura,
confianza y serenidad. Ayuda a que se forme el vínculo madre-hijo, algo que
suele suceder de manera natural, independientemente de que le dé el pecho o le
alimente con biberón
Por otra parte, los padres que
participan en el nacimiento de su hijo sienten una atracción casi inmediata por
él, acompañada de sentimientos de alegría, orgullo y autoestima. La formación
del vínculo en los padres es posible que aparezca con posterioridad a las
madres ya que no disponen del contacto que brinda la lactancia. Pero hoy en día
los padres pasan mucho más tiempo con sus hijos desde que nacen y se involucran
activamente en su cuidado. El apoyo mutuo de los progenitores es beneficioso
tanto para el pequeño como para la relación de pareja.
Pero la formación del vínculo es un proceso en el tiempo, no ocurre inevitablemente en pocos minutos. El apego se puede crear con los cuidados diarios, coger, mecer y acariciar al pequeño frecuentemente, ambos padres, hace que el bebé reconozca diferentes formas de relación con él. Hay que señalar que al principio el recién nacido se relaciona preferentemente a través del sentido del tacto. Es basado en estas experiencias de contacto como creará sus esquemas emocionales y relacionales.
Los bebés prematuros o que presentan complicaciones médicas suelen ser separados de la madre tempranamente y sometidos a experiencias desagradables. Necesitan reparar estas sensaciones por otras más placenteras y lo más importante para ellos será también el contacto con sus cuidadores. Los masajes infantiles son de gran ayuda. Deben darse muy suavemente y siguiendo consejos profesionales.
Es plausible la importancia del desarrollo de un apego seguro para el buen desenvolvimiento durante la vida de cada una de las personas. La atención al bebé desde el periodo prenatal influye en la evolución personal. Se comprueba que más que cantidad de interacción con la madre, lo que importa es la calidad de ella.
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